Presentación de Dossier: Diáspora africana en América Latina y el Caribe

Anny Ocoro Loango, Elizabeth Castillo Guzmán

Resumen


Reconocer y analizar la compleja, diversa y dispersa cartografía de las culturas afrodescendientes en América Latina constituye una de las grandes tareas académicas de este siglo que recién comienza. Dadas las condiciones históricas que acompañan la trayectoria de la diáspora africana en nuestros países y el instalado racismo estructural, sabemos que ni siquiera en el terreno demográfico podemos tener certeza sobre el número de personas que configuran el mundo de la africanolatinoamericanidad.

La pregunta por la cultura y la población africana en nuestro continente tuvo en el siglo pasado importantes episodios académicos, políticos y sociales. Los estudios africanistas surgieron al interior de importantes universidades en Argentina, Brasil, Colombia, Cuba, México y Venezuela fundamentalmente. Las dos naciones con mayor presencia africana en su historia demográfica y cultural, vieron nacer una generación de etnólogos y profesionales afrodescenciendientes que desde mediados de la década de los años cincuenta, iniciaron su tarea en países como Brasil, Cuba y Colombia fundamentalmente. Los nombres de Fernando Ortiz, Thales de Azavedo, Alberto Guerreiro Ramos, Manuel Zapata Olivella, Rogerio Velásquez Murillo, Aquiles Escalante hacen parte del telón de fondo de este movimiento intelectual.

Los centros de investigación de Brasil (San Pablo, Salvador y Rio de Janeiro), Cuba, México (Colegio de México) y Argentina (Universidad de Buenos Aires) son los más sobresalientes para la década de los noventa con sus trabajos, congresos y publicaciones. Con el arribo del multiculturalismo y la etnización de las poblaciones afrodescendientes (Restrepo, 2015) se abre camino a nuevos enfoques y perspectivas de análisis sobre el mundo afro del continente. De un lado, los propios organismos de política pública y cooperación internacional instituyen un lenguaje y una mirada sobre el ámbito de los derechos, las necesidades y las posibilidades jurídicas de las poblaciones afrodescendientes; en otro plano se encuentran los centros y grupos de saber experto sobre lo afro,  ahora articulados en redes, proyectos y programas de investigación liderando una empresa de conocimiento sobre las culturas, las organizaciones y las poblaciones de la diáspora africana. En tercer lugar, y el más sobresaliente para nuestro caso, es el universo de la organizaciones y colectivos afrodescendientes en cuyo seno surge la tarea intelectual de sumar al activismo y la lucha política, la tarea de investigar “casa adentro”, como diría el afrocolombiano Jorge García Rincón, los problemas de la raza, la cultura y la historia del negro en cada geografía politizada y movilizada contra el racismo.

Con el cambio de siglo el número de profesionales e investigadores afrodescendientes aumentará de modo importante en Brasil, Colombia y el Caribe, contribuyendo con ello a una transformación en los modos de reconocer, tramitar e interpretar el conocimiento sobre el mundo afro en Latinoamérica. Nociones asociadas ahora a lecturas transdiciplinares, intreseccionales y transhistóricas sobre la realidad de los pueblos afro en Latinoamérica y el Caribe, nutren las lecturas de viejos problemas como el racismo y la exclusión. Al tiempo, surgen herramientas de análisis para estados multiculturales con grandes y elocuentes políticas de reconocimiento étnico-racial, pero anclados en el modelo de mercado que agudiza la brecha racializada de la pobreza y la marginalidad.

Este dossier: diáspora africana en América Latina y el Caribe, reúne una muestra representativa de estos diálogos sobre la situación de las poblaciones afrodescendientes en cinco puntos de nuestro continente: Argentina, Brasil, Colombia, Nicaragua y Venezuela. Se trata del trabajo de autoras y autores, mayoritariamente afrodescendientes, quienes con diversos lentes y desde contextos precisos, proponen un plano de lectura posible sobre las tensiones a las que se enfrenta el abordaje de los afrodescendiente en el ámbito de la educación, las políticas públicas y de reconocimiento jurídico fundamentalmente. Estos tres aspectos constituyen el eje del dossier que ponemos en sus manos, pues es un hecho irrebatible que la preocupación por el acceso a la escuela y la posibilidad de ascenso social por medio de la educación han sido preocupaciones constantes en las agendas políticas de los movimientos afrodescendientes del continente desde mediados del siglo XX.

En Argentina la autora Viviana Parodi nos propone una lectura sobre la corporalización pública afrodescendiente en Argentina durante las últimas tres décadas. Su trabajo retoma los ciclos de política racial de origen global sobre las trayectorias locales, así mismo revisita los debates sobre el “mito de la desaparición” de los afroargentinos, la blanquedad como identidad narrativa y el blanqueamiento de la Nación como hechos históricos e ideológicos que inciden de modo significativo en la forma como la política racial ha transitado en la Argentina. La autora enfatiza en que se trata de reciente emergencia de una “Argentina Negra” frágil y fragmentada que intenta articularse a las agendas globales pero que no logra afectar la base de la población afrodescendiente de este país.

 

Brasil nos plantea, a través del artículo de Marysson Jonas Rodrigues y Anna Mª Canavarro Benite, una discusión sobre la vigencia de la raza como parámetro para instituir jerarquías en las sociedades latinoamericanas. En ese sentido, destacan cómo las acciones afirmativas son una herramienta para combatir el racismo y romper con el orden racial que que deja en condiciones socioeconómicas desfavorables a las poblaciones negras. Así entonces, analizan cómo incluir la educación de las relaciones étnico-raciales en el campo de la enseñaza de la química y los desafíos que esto conlleva.

Para el caso colombiano se presentan dos trabajos, que se articulan en torno a un tema central en la historia de las luchas afrocolombianas, racismo y educación. De una parte, el investigador Jorge García Rincón recaba en los archivos de la historia intelectual para traer al escenario las ideas de Amir Smith Córdoba respecto de la educación y la cultura como vehículos para la desalienación del negro en la sociedad colombiana. García retoma los planteamientos que durante la década de los ochenta del siglo XX hiciera Smith Córdoba, quien propusiera los conceptos de Negritud y Cultura negra como “escenarios de carácter político y como posibilidades de consenso de los descendientes de africanos no solo en Colombia sino en el contexto mundial”. Este pensador representa de modo especial una tendencia ideológica y política que busco materializar sus intenciones en procesos de investigación y formación del profesorado como una manera de superar la invisibilidad del negro en Colombia y sus efectos en las propias dinámicas del endoracismo. A esta lectura se suma el texto de Jose Caicedo Ortiz y Elizabeth Castillo, quienes rememoran las grandes aportaciones del Primer Congreso de las Culturas negras de las Américas realizado en Cali en 1977, evento en el cual Manuel Zapata Olivella proclamó la urgencia de incluir los estudios de las culturas afroamericanas en nuestros sistemas escolares. Este hecho es el embrión de una larga lucha que logrará mediante la reforma multicultural de finales del siglo XX, el sueño de Zapata Olivella de impulsar en Colombia la enseñanza de los estudios afrocolombianos en el sistema escolar.

Para la experiencia de Nicaragua, Alta Suzzane Hooker Blandford y Carlos Manuel Flores Gómez nos plantean que la Declaración del Decenio de la población afrodescendiente con el lema: Reconocimiento, Justicia, y Desarrollo, retoma el camino recorrido en cuanto al reconocimiento jurídico de la población afrodescendiente de Nicaragua, y la lucha organizativa por sus derechos y la implementación de los mismos. Lxs autorxs señalas que desde 2014 la Asamblea Nacional de Nicaragua, aprobó la Ley de Declaración de la cultura garífuna como “patrimonio cultural inmaterial de la Nación, y todas sus expresiones como la música, danza, lengua, técnicas artesanales, escultura tradicional ancestral, juegos, tradiciones culinarias, las prácticas de la medicina tradicional ancestral, rituales y mitologías y otros aspectos inherentes a esta cultura”. Pese a prevalecen en los estereotipos y el racismo estructural que condicionan el acceso a derechos y oportunidades para mejorar la vida de las poblaciones afrodescendientes.

Esther Pineda de Venezuela nos ofrece un crítico análisis sobre la “invisibilización de las personas afrodescendientes en los medios de comunicación, así como, su exclusión y subrepresentación en los espacios educativos, laborales, políticos y culturales”. La consecuencia de este fenómeno según la autora, es la construcción de una narrativa nacional en la cual se desconoce la existencia de una raíz africana en la configuración de Venezuela y en cambio se presenta a la población afrodescendiente como resultado de una “migración indeseada” proveniente de países como Colombia, Haití, y República Dominicana. Aquí reside la compleja situación de invisibilidad estadística que padecen los y las afrodescendientes es esta nación.

 

Enfrentamos un siglo de migraciones, xenofobia, derechización de las sociedades y crisis de la vida por cuenta del mercado como referente de ciudadanización. En este contexto, las preguntas por la afrodescendencia en América Latina obligan a una ardua y constante tarea de lectura del pasado y del presente. Del pasado, para indagar la construcción de lo afro en nuestras naciones y nuestros sistemas de representación. Así mismo, para encontrar en las voces de intelectuales como Cesariere, Fanón, Santacruz, Smith Córdoba y tantos otros, planteamientos vigentes para problemas de larga duración como el racismo y el endoracismo. De otra parte, urge entablar diálogos sistemáticos al interior del continente que permitan comprender los alcances y limitaciones que el constitucionalismo multicultural produjo en la agencia política de los propios movimientos y organizaciones afro. Como lo señalan varixs de nuestrxs autorxs invitadxs, las reformas políticas y el reconocimiento jurídico de finales del siglo XX y comienzos del XXI, han jugado un papel central en la cooptación y/o proliferación de liderazgo y activismo afro.

Finalmente, dejamos en las manos de uno los mayores estudiosos y militantes del mundo afroamericano, don Manuel Zapata Olivella, la reflexión sobre la fragmentación que lo “nacional” produce en nuestra mirada sobre África en América. Sin lugar a dudas, la saga de los tres primeros y únicos Congresos de la Cultura Negra de las Américas realizados entre 1978 y 1982, representan una semilla esencial para revisar hoy, cuarenta años después, algunos de los debates emblemáticos. Del mismo modo, para recuperar la memoria política del proyecto descolonizador que animó estas luchas del negro en las Américas durante el siglo XX.

“En este marco de la lucha, el presidente Senghor convocó al Dialogo de la Negritud y la América Latina en Dakar (1974) [...]

La historia de los desmembramientos de África, escuchada en las múltiples lenguas que hablaban mis hermanos, reafirmó mi decisión de convocar en América – hijo directo del Diálogo en Dakar- un escenario, una gran ágora de los negros de América cualesquiera que fuesen los idiomas colonizadores, donde tuvieran su lugar los hermanos de África y de todos aquellos a sonde se extendió y floreció su semilla.

Cuatro años después, con el tesón que requería para coordinar las voces negras, mulatas y zambas de nuestro hemisferio, se reunía en Cali, Colombia (1978), el Primer Congreso de la Cultura Negra de las Américas, que tuve el honor de presidir. Doscientos antropólogos, poetas, novelistas, sacerdotes, políticos, sociólogos, pintores, médicos e historiadores de todos los países americanos, sin distingo de áreas culturales o de etnias, con la asistencia de delegados del Senegal, Ghana, Nigeria y Angola, nos reunimos por primera vez en la historia de nuestros pueblos a debatir el problema de la cultura negra en las Américas con la mirada descolonizadora que nos hermanaba y nos unía”

(Manuel Zapata Olivella, Negritud y Liberación, 1990: 340-341)


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