Mientras tenga la tierra

Ana María Troncoso

Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales,

Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco

 

Resumen

En este trabajo pretendemos dar a conocer algunas notas de nuestra investigación acerca de las estrategias y prácticas sociales que están desarrollando los/as pequeños productores/as de la zona de la meseta norte de Chubut (Departamentos Telsen y Gastre) para conservar la tierra y sostener la producción ovina y caprina en los primeros años del siglo XXI en unidades de producción de autosubsistencia. Trabajamos con fuentes censales de los Juzgados de Paz, fuentes orales, notas periodísticas, mapas y expedientes oficiales. La práctica económica tiene fuerte vinculación con la tierra, que adquiere diversos significados políticos y culturales en la dinámica de las resistencias y luchas sociales. Esta población pareciera un tipo social y económico que podría ser desplazado u omitido antes de ser conocido. Sin embargo están allí. Pretendemos contribuir a la reflexión sobre la importancia de conocer e investigar estas presencias que niegan la clausura a la que son, en general, confinadas.

 

Palabras clave

Rural, Campesinado, Estrategias, Prácticas Sociales

 

Abstract

In this paper we intend to present some notes of our research about the social strategies and practices that are being developed by small producers in northern plateau of Chubut (Departments Telsen and Gastre) to conserve the land and maintain sheep and goat production at the beginning of the 21st century in self-sufficient production units. We worked with census sources from the Courts of Peace, oral sources, journalistic notes, maps and official records. Economic practice has a strong link with the land, which acquires diverse political and cultural meanings in the dynamic of resistance and social struggles. This population seems to be a social and economic kind which could be displaced or omitted before being known. However they are there. We intend to contribute to the reflection on the importance of knowing and investigating these presences that deny the closure to which they are being, in general, confined.

 

Keywords

Rural, Peasantry, Strategies, Social Practices

 


 

Panorama general desde el repoblamiento

La meseta norte del Chubut fue repoblada desde fines del siglo XIX y principios del siglo XX después de las campañas militares del estado argentino sobre la Patagonia[1]. Se instalaron en esos años productores de lana provenientes de diferentes movimientos poblacionales nacionales y extranacionales luego de transformación económica, social y territorial que experimentó la región. Así se insertó la región en la economía agroexportadora. Las unidades productivas variaban en número de cabezas de animales, llegando en muchos casos al límite de subsistencia. La atención de la majada (ovejas) estaba a cargo del hombre de la casa y de los muchachos mayores, y las muchachas y los varones pequeños eran responsables de las chivas.

La actividad económica de la zona es en general monoproductiva: crianza de ovejas y chivas. La región es desestimada como productiva. Como por ejemplo expone Pérez Álvarez, analizando un informe técnico:

Existe dentro del informe Altimir un dato quizás aún más relevante, que tiene específica relación con el tipo de políticas agrarias que promovía. Allí se explicita, en el marco de un análisis de prospectiva acerca de las posibilidades de mejoras técnicas y tecnológicas en la producción ovina de Chubut, que las pequeñas explotaciones de la meseta no debían ser tenidas en cuenta como factor de desarrollo. (...) Las pequeñas explotaciones de la meseta no son incorporadas como objeto de análisis ya que para las explotaciones pequeñas de la meseta (modelo C-1) no se estimó la situación proyectada, porque se halló que ninguna innovación tecnológica sería rentable en este tipo de explotación (Altimir, 1970, pp. 3-59).

Es destacable que el informe no presenta evidencias de ese cálculo (como sí lo hace en el resto de los ejercicios cuantitativos y cualitativos de prospectiva), que habría demostrado la absoluta inviabilidad productiva de dichas explotaciones.

A través de esta acción, los impulsores del informe promovían una política agraria que condenaba estas pequeñas explotaciones a la imposibilidad de acceder a los programas de mejoramiento que se pondrían en marcha desde las políticas de Estado y les impedía recibir créditos, conseguir mejoras en sus majadas, realizar inversiones para la provisión estable de agua, construir tajamares, etc. (Pérez Álvarez, 2015, p. 14)

 

            Desde la época del repoblamiento y la ovinización la evolución de la situación, tanto respecto a los lotes como al ganado ha sido muy dinámica y permite observar, de manera comparativa diferentes estrategias sociales y familiares, con resultados diversos. Este dinamismo se debe a las diferentes políticas estatales respecto a la tierra como a la dependencia del mercado internacional de lanas (Ejarque, 2014).

            Entre las estrategias observadas en la actualidad tanto como para sostener la tierra en manos de la familia o algún miembro de la familia como para mantener la producción ganadera (ovina o caprina) se encuentran: la asociación de familiares, generalmente hermanos y tíos y sobrinos; el sostenimiento de la condición de sucesión sin resolver a efectos de no producir un subloteo de la parcela (por la división que significaría el cumplimiento con lo/as heredero/as); la combinación de cría de ovejas y de chivas; la delegación de consumos al estado manteniendo una ínfima parte de la familia en el lote; el complemento de la caza; algunos casos de litigio para recuperar o sostener la parcela; la conformación de comunidades de pueblos originarios y la etnificación de las demandas; la compensación con otras actividades y empleos[2]; la emigración de algunos miembros de las familias para aliviar la relación consumo/producción; la incorporación al movimiento social antiminero; las demandas al estado (litigios, proyectos, subsidios) y algunas prácticas cooperativas.

Nuestras fuentes han complejizado las preguntas. Hemos comenzado por indagar cuáles han sido las estrategias desarrolladas para sostener la tierra en manos de las familias. En primera instancia, debemos descartar que la tierra se restrinja a aludir a meramente una mercancía y considerar los significados históricos, culturales, identitarios y genealógicos que ha adquirido y aún sigue resignificando en la voz de nuestros entrevistados. Luego, en ese sentido, valorar lo que lo/as sujetos en cuestión proyectan sobre ese bien en contextos contemporáneos. Finalmente la relevancia de realizar estos estudios sobre una población que a priori es considerada en desaparición. Vulnerable a los desastres climáticos y ambientales[3], a los depredadores, a los avatares del mercado, a los embates neoliberales de empresas trasnacionales, a la presión de las propiedades medianas, al subloteo, a la diversidad de intereses de los miembros de las familias, a la indiferencia estatal y a la presión cultural sostienen, desde variadas estrategias sociales y resistencias, un modo de ser en el mundo. Cabe, entonces, la escucha y el intento de explicar sus posiciones y argumentos.

 

Campesino/as en tiempos contemporáneos

Dice Miguel Teubal

Para muchos autores, los procesos de industrialización y modernización significaron la desaparición del campesinado. Sin embargo, la 'cuestión agraria', 'la cuestión campesina' siguen vigentes, incluso con mayor fuerza que antes aunque con características diferentes a las que tuvieron en otros tiempos. Hoy se encuentran relacionadas en gran medida con los movimientos ambientalistas y antiglobalizador, y con las nuevas luchas que en estos últimos años vienen llevándose a cabo en contra de la minería a cielo abierto (Teubal, 2009, p. 209)

 

Lo/as productores ovinos y caprinos de la meseta norte del Chubut que son analizados en este trabajo mantienen sus explotaciones en lotes pequeños y se relacionan con el mercado a través de la venta de lana. Desde las Ciencias Sociales resulta complejo encuadrar el grupo social dentro de una definición precisa. Campesino y campesinado son términos que han sido revisados sobre todo dentro de los debates del siglo XX sobre la modernización y la identidad nacional. En ese sentido es posible combinar los rasgos y caracteres que ofrecen diferentes conceptualizaciones, incluyendo en este caso como sucede con el campesinado latinoamericano, la cuestión étnica.

En primer lugar, consideramos que el grupo se define por su relación con la tierra. Pero cabe aquí advertir que no nos referimos sólo a la medida de la parcela poseída y/o explotada y a su rendimiento económico, sino también a sus valoraciones culturales, identitarias y sociales:

La tierra posee un sentido diverso, polisémico, quizás mucho más que el que tuvo con anterioridad, debido precisamente al auge de nuevos movimientos agrarios y campesinos, de los sin tierra, y del nuevo y viejo indigenismo que se manifiestan a lo largo y ancho del continente (Teubal, 2009, p. 207).

 

Desde una perspectiva económica, la delimitación del concepto, a grandes rasgos, incluye la relación tierra-trabajo, la explotación familiar y directa, en general agrícola.

Podemos distinguir entonces una dimensión económica y una dimensión social y cultural de la tierra en tanto se imbrica con un modo de ser y unas costumbres específicas construidas socialmente.

Giarracca (2017) distingue tres significados para los campesinos contemporáneos: los que derivan del indigenismo y argumentan la reparación histórica y los deberes con los ancestros, legitimando su reclamo de manera genealógica; los que demandan por trabajo, considerando la tierra un medio de trabajo; y los que la valoran como patrimonio familiar y luchan por conservarla como valor identitario.

Dice Mabel Manzanal en el Diccionario de Ciencias Sociales de Di Tella y otros:

Campesinos/nas son los integrantes de las familias productoras agropecuarias que comparten la actividad productiva y doméstica, utilizando predominantemente la mano de obra familiar (con escasa contratación de trabajo transitorio) y que se distinguen de otras familias de productores agropecuarios por la ausencia de una sistemática acumulación de capital. (Manzanal, 2006, pp. 66-69).

 

Se caracterizan, prosigue la autora, por la escasez y precariedad de uso o tenencia y la disponibilidad de recursos económicos como la tierra, el agua, la tecnología, el crédito y son frecuentemente descendientes de culturas indígenas. Lo productivo se liga directamente a lo doméstico, persiguiendo la maximización del ingreso global. También son llamados minifundistas, teniendo en cuenta el tamaño de los lotes ocupados en las explotaciones, o en nuestra provincia "pequeños productores". Este tipo de explotaciones posee estrategias propias, que no necesariamente implican una ganancia. La auto explotación del trabajo campesino tiene por contrapartida que la mano de obra debe ser mantenida con lo obtenido durante todo el año. Esta mano de obra barata debe ser mantenida todo el año mediante la semi asalarización y la subutilización y retiene población en ámbitos rurales. Por lo tanto, en torno a lo productivo, sus actividades se orientan al mercado y en lo reproductivo a la transmisión de las actividades de generación en generación.

Finalmente, considera la autora, es importante destacar que el campesinado sólo existe como proceso, entre la campenización y la descampenización. Los primeros, con predominio de pequeños productores campesinos y los segundos con productores cuyos rasgos son no campesinos. Pueden devenir en peones o en medianos productores capitalistas.

Adherimos a la propuesta de Manzanal, a saber, considerar al campesinado siempre en proceso, porque resulta adecuado para abordar el análisis que pretendemos realizar sobre este grupo específico. En torno a las funciones de producción y reproducción es que observamos la mayor crisis del grupo desde la etapa de la instalación de estos establecimientos ganaderos desde fines del siglo XIX y principios del siglo XX.

Y en ese sentido es válido considerar los criterios de temporalidad con que se representan a sí mismos como los que se utilizan para observarlos y clasificarlos desde fuera del grupo. La inscripción dentro de grupo "tradicionales", "conservadores", "arcaicos" indica una perspectiva afianzada en el "progreso" y la "modernización" que en general predomina desde las instancias estatales y foráneas. Considerando la temporalidad, Wolf explica:

Si algunos autores han descrito las sociedades campesinas como agregados amorfos, carentes de estructuras propias, otros han aludido a ellas como 'tradicionales' etiquetando a esas poblaciones con el calificativo de 'ligadas a la tradición' y juzgándolas como lo opuesto a lo 'moderno'. Pero calificaciones de este tipo meramente señalan un fenómeno, y lo describen mal, pues no lo explican. Decir que una sociedad es 'tradicional', o que una población depende de su tradición no explica por qué persiste tal tradición, ni qué pueblos se adhieren a ella. La persistencia, al igual que el cambio, no es una causa sino un efecto (Wolf, 1975, p. 6).

 

Al respecto, Rösener distingue dos valoraciones políticas acerca del campesino: la corriente conservadora, que lo valora como alternativa al modo de vida mundano, despersonalizado y alienado de las ciudades y, por ende, el continente de la tradición, los valores y la pureza moral (Rösener, 1995, pp. 10-11), o en otras palabras, sin cambio y sin historia. En este caso esa valoración suma a la etnificación de estos productores, adscriban estos o no a pueblos originarios. Se ha generalizado la idea de que los pueblos originarios mantienen unas costumbres inalterables y una relación armónica y sustentable con el medio ambiente y la explotación de los recursos naturales. Este discurso es doble: por un lado es la expectativa desde afuera que se mantiene sobre quienes habitan la meseta norte y otras regiones rurales de la provincia, por otro lado es sostenido por las comunidades formales que se han conformado desde los años 90, en contraposición a los grandes emprendimientos económicos y, en este caso, a la megaminería.

En otra posición igualmente negativa, prosigue Rösener (1995, pp.11-15), se encuentra la teoría crítica que se sostiene en la idea de inmadurez política del campesinado, representando el pasado frente al proletariado con su papel emancipador y proyectado al futuro en la historia. Desde el punto de vista de las relaciones sociales, las preguntas que derivan de esta perspectiva se refieren a su conciencia de clase, o mejor dicho, a si conforman una clase, y/o al problema de la intervención política. Como pregunta Hobsbawm: “¿en qué medida podemos hablar del campesinado como clase?” y “¿Pero en qué medida es una clase ‘para sí’, o sea una clase consciente de sí misma como tal?”. (Hobsbawm, 1976).[4] Desde esta perspectiva constituyen un grupo atrasado y que atrasa el desarrollo político general. No sólo su actitud política, sino su actitud económica y social resultan antiguos y superados ante esta posición. Aún más, los procesos de etnificación que emergen a raíz de la reforma constitucional acentúan el carácter anacrónico que resulta de la exigencia de esta postura. En otras palabras, adquieren conciencia étnica, en tanto no desarrollan conciencia de clase.

Existe una tercera exigencia que detecta Rösener respecto a lo/as campesino/as en general: la de ser los encargados de sostener la salud ecológica y el saneamiento del medio ambiente con lo que se convierten en “garantes del paisaje”. Aquí esa exigencia se ha cargado a los pueblos originarios, considerando nuevamente lo étnico por sobre la social-económico (campesino/a). Así lo ratifica la Ley 26.160/07 con la creación de Equipos Técnicos Operativos, que tienen entre otros propósitos, el de “delimitar los fines de uso de la tierra de acuerdo con su cosmovisión y su relación con el ambiente (…) preservar el paisaje y la biodiversidad”. Pero, a la vez, hay una apropiación de las comunidades que se conformaron del mandato de cuidar el planeta y con ello se produce una recuperación de antiguas formas de relacionarse con la naturaleza, diversas a la de la “civilización”, bajo el supuesto de que los pueblos originarios cuidan la tierra y poseen prácticas económicas ecológicas en contraposición a las empresas capitalistas. Y esto es nodal en el movimiento anti minero y en acontecimientos específicos que detallaremos más adelante, como las marchas o los trawn (parlamentos, reuniones) y sus respectivas demandas.

 

La comunidad campesina

Gran parte de las estrategias sociales para conservar la tierra en la meseta chubutense se sostienen de manera comunitaria. Para Fallers (1961) la comunidad semiautónoma se define por sus rasgos culturales, para Wolf (1975) por sus características estructurales, por las relaciones sociales. En esa tensión, pensando por un lado la existencia de un grupo social que se define por sus tradiciones, costumbres, modos de vida y por otro partiendo de la cuestión objetiva de la ubicación en las relaciones sociales, resulta complejo y casi inalcanzable pensar en un concepto consensuado y representativo. La comunidad opera en ambas versiones como contención y manifestación explícita. En general, los/as campesino/as se agrupan históricamente en lo que se llama una comunidad, esto es una agrupación civil de ordenamiento y organización cultural, social y económica, de relativa autonomía con respecto a otros poderes y constituida por sujetos que la sostienen de manera participativa, asociativa, cooperativa y resguardando valores que consideran de amplio alcance. Dicha comunidad se representa generalmente con centro en un pueblo o aldea que indica la pertenencia y la identidad. La vecindad es la primera causa de las actitudes y conductas cooperativas y de reciprocidad, basadas en la necesidad y la supervivencia. Rigen allí leyes escritas fruto de la inevitable relación con el estado y leyes no escritas, consuetudinarias, que regulan el comportamiento social, productivo, reproductivo, etc. La progresiva intervención del estado ha resultado en una pérdida paulatina de la autonomía comunitaria que, aunque ésta no es total, impacta fuertemente en cuestiones referidas a la tierra, que es el recurso y significante principal. Por ejemplo, en las instancias en las que se dirime la herencia: antes, cuando la tierra era explotada en condiciones de tenencia precaria, el traspaso del bien se hacía como indicaban las costumbres y, en la actualidad, según leyes de sucesión que amenazan con la sustentabilidad de un proyecto campesino. Sin embargo, aún en retroceso, la comunidad aparece y se mantiene, se reconstruye, aunque desde una perspectiva suprarregional parezca insignificante.

Una característica común del campesinado es la de quedar fuertemente involucrado con los mercados y por ende con la ciudad (Wolf, 1975; Fallers, 1961), aunque esto no impide la constitución de una peasant society (Fallers, 1961) que incluye determinadas formas económicas, mentalidad y modo de vida específicos.

Estado y mercado regulan de diversas maneras la vida económica, social y política, pero la comunidad no cede aspectos que considera centrales en su autonomía y existencia. La valoración del trabajo, de la hacienda, del matrimonio, del manejo del agua, de la conservación del lote, de legitimación de derechos sobre la tierra, de formas y modos de vida aún son conservados como de manejo comunitario.

Los años noventa han provocado cambios estructurales en el campesinado a nivel mundial. La industrialización del campo, las exigencias de producir intensivamente y el dominio de los mercados sobre los productores han generado concentración de la propiedad y abandono del proyecto minifundista y de autosubsistencia. En consecuencia hay envejecimiento de la población rural, campos vacíos e improductivos, emigración, atraso en infraestructura y pérdida de identidad o identificación con el proyecto agrario. Los/as productores de la meseta del Chubut son el fiel reflejo del panorama que se acaba de exponer.

En la era neoliberal se produjeron ajustes estructurales sobre el sector agrario. Se valoraron las economías de "escala" por sobre las explotaciones familiares. La producción quedó expuesta a las exigencias del mercado internacional en contextos, como éste, agroexportadores. Las variaciones de precios se hicieron más evidentes y el crédito a las pequeñas explotaciones se redujo. El capital avanzó en su dominio sobre el agro, cuyos productos se sometieron a reglas mundializadas, incompresibles desde lo local o regional. La agricultura expulsó así a miles. Si consideramos que la ganadería ovina requiere aún menos mano de obra, podemos explicar la tendencia constante de emigración que se produce en esta región particular.[5] Dice Teubal que

Pese al embate del neoliberalismo, la lucha por la tierra sigue vigente y quizás con tanta o más fuerza y significación que antes. Cobra sentido la lucha por el acceso y la propiedad de la tierra. Se manifiesta en los conflictos entre quienes son sus propietarios y quienes la trabajan, entre el campesino y el terrateniente, o respecto del significado que tiene para múltiples comunidades indígenas o campesinas. Se manifiesta también cuando estos sectores son desplazados de su hábitat histórico por nuevos inversores sojeros o por grandes embalses o proyectos faraónicos (Teubal, 2009, pp. 205-229).

 

Tal el panorama expuesto por el autor, han aparecido movimientos sociales en la meseta que argumentan derechos sobre la tierra y su uso, y sobre el territorio, demandando generalmente al estado por su deficiente control y por la resolución de conflictos sobre terrenos. Lo característico de la región es la heterogeneidad de las comunidades: algunas reunidas por su adscripción religiosa (Cañadón Chileno), otras por su adscripción étnica (mapuche-tehuelche), otras definidas por la producción (asociaciones y cooperativas), otras por identidades locales (por un pueblo o aldea, llamándose vecinos o "pobladores") y muchas veces superponiendo varias de las posibilidades comunitarias.

Aquí las preguntas que derivan de esta situación: ¿La persistencia que constatamos en este caso particular se sostiene en un proyecto familiar o social que involucre la posesión del lote? ¿Estas perspectivas tienden a recuperar un tiempo pasado o a crear algo nuevo, existe una idea, imagen, representación de la proyección futura sobre el lote, la actividad económica, los deberes genealógicos, etc.? ¿Existen niveles de autonomía de las comunidades nucleadas en las aldeas y pequeños pueblos y están organizados los argumentos de las demandas y necesidades?

 

Si fuera sólo mercancía

Una versión corriente desde afuera del mundo campesino se basa en considerar la tierra como mera mercancía, un bien capaz de producir bienes. Según datos del INDEC (2002), Chubut poseía 730 Establecimientos Agropecuarios (EAP), de los que sólo 156 aún no tenían límites definidos, es decir, no se habían finalizado los trámites de mensura y propiedad privada o comunitaria.

Según datos del mismo año, 2524 EAP de la provincia tenían menos de 5000 has. El Departamento Gastre con 1.305.166 has. (y sólo 19.305 has en tierras fiscales) poseía 254 EAP, de los cuales 28 tenían entre 1000 y 1500 has., 10 EAP entre 1500 y 2000 has., 15 EAP entre 2500 y 3500 has., 43 EAP entre 3500 y 5000 has. Es decir, que de los 254 establecimientos, 96 se registraron con 5000 has. En esta zona se ubica la región analizada aquí de Lagunita Salada.

En el caso del Departamento Telsen cuya superficie es de 1,824.629 has. de las cuales 29956 has. aún son fiscales, en 2002 contaba con 221 EAP, con 10 EAP entre 1000 y 1500 has., 6 EAP entre 1500 y 2000 has., 21 EAP entre 2000 y 2500 has., 8 EAP entre 2500 y 3500 has. y 26 EAP entre 3500 y 5000 has. Es decir, 71 EAP en total con 5000 has. o menos. En este departamento se ubica Cañadón Largo, zona relevada en este estudio. La población decrece en ambos departamentos, manteniendo una densidad de 0,1%.4

Tabla 1

 

1991

2001

2010

GASTRE

1900

1508

1427

TELSEN

1636

1788

1644

Fuente: INDEC

 

Si observamos la cantidad de ganado, en una comunidad cuyas unidades productivas son en su mayoría menores a 5000 has. obtenemos las siguientes cifras:

 

Tabla 2

Lagunita Salada, censo anual

año

encuestas

Ha.

Ovinos

Bovinos

Caprinos

lana

2007

104

240.903

43.588

266

9.738

144.209

2008

127

255.708

51.153

295

11.873

171.097

2009

138

297.220

46.680

202

9.067

162.279

2010

122

226.490

38.723

212

8.061

129.277

2011

113

219.090

44.434

107

5.469

88.712

2012

119

231.866

46.226

75

5.510

85.840

2013

121

211.632

55.186

189

4.908

78.494

2014

115

227.712

53.859

66

4.350

68.624

2015

109

224.665

21.576

94

4.218

94.136

2016

107

157.121

24.867

850

4.843

1.000.214

Fuente: Elaboración propia

 

           

De la observación de los datos surge que la pérdida de ganado en diez años ha sido de un tercio del total, la mitad en ganado caprino y ovino. También varía el número de productores censados que se presentaron al Juzgado de Paz cada año y por ende la superficie registrada. En cuanto a ovinos, en estos registros hay 34 establecimientos que poseen 2.500 has. o menos, llegando a lotes de 625 has. Hay registros de 12 personas que no poseen animales, 32 propietarios con menos de 100 animales, 20 con menos de 200 animales, 7 que poseen hasta 300 animales, 7 que tienen entre 300 y 600 animales, 7 que poseen entre 600 y 1000 animales, 3 que poseen entre 1000 y 1500, 5 entre 1500 y 3000 en el censo de 2016. Es importante aclarar que muchos propietarios comparten el lote con sus familiares, siendo cada uno dueño de los animales con su respectiva señal, dato que consta en el registro del Juzgado de Paz. La práctica deriva de la costumbre. En el tiempo en que los lotes se poseían en tenencia precaria, los productores eran dueños de su majada, muchas veces compartiendo la tierra en arreglos familiares. Esto mantuvo a salvo las parcelas de embargos, no así los animales. Pero aún en épocas de crisis los acopiadores, desde los años 50 en adelante, no desposeían al productor porque se interrumpía el circuito de producción y comercialización. La prenda ovina (ejecución judicial por deudas) fue practicada en otras regiones.

Hay 14 lotes con 2 ocupantes, 7 lotes con 3 ocupantes, 6 lotes con 4 ocupantes, 1 con 7 ocupantes. Es decir, no se puede leer este registro en términos estrictos de un productor con un lote y sus animales, sino como un sistema yuxtapuesto de propiedad de la tierra y propiedad de majada. Es interesante observar que en Lagunita Salada se mantiene la proporción entre ganado ovino y caprino, con la producción de lana merino y mohair y que se observa un "repunte" (aumento de ganado) en los últimos años.

En tanto, en la zona de Sepaucal, entre los pobladores de Cañadón Chileno (Departamento Telsen) radicados allí desde principios del siglo XX se destaca un número importante de familias que adscribían a la Iglesia Evangélica. Practicaron formas cooperativas de esquila, conformando una comparsa de vecinos que iba de campo en campo. Cuando la lana estaba enlienzada se organizaba una caravana de carros que se dirigía a Puerto Madryn donde negociaban su producción en forma individual en las barracas acopiadoras allí instaladas. Con la misma autonomía los pobladores enseñaban a sus hijos a leer y escribir a través de cuadernillos de aprendizaje. Las instituciones estatales como la escuela y el puesto policial se instalaron en la década del 50, época en que empezó a crecer Sepaucal. Hasta entonces, la relación con el estado se estableció mediante el Juzgado de Paz de Telsen. La comunidad se cohesionaba mediante prácticas religiosas.

En Cañadón Largo, en la misma zona, desde las primeras décadas del siglo XX se realizó la esquila a tijera. En los 70 se introdujo la máquina esquiladora, con la organización de la comparsa, negocio manejado en general por los barraqueros o acopiadores de lana que luego la comercializaban en los centros concentradores de las ciudades de la costa. En los años 90 se introdujo una nueva máquina y un mejoramiento de la eficacia de la comparsa, basado en una serie de ajustes que van desde la planificación del semestre (agosto/diciembre), contratación de esquiladores, determinación de la secuencia de trabajo, clasificación de la lana en función de los requerimientos cada vez más exigentes del mercado y circuito de comercialización. Este conjunto organizativo se produjo bajo el asesoramiento y supervisión del programa del INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria), denominado Prolana. Este programa, aún vigente, garantiza que, si el trabajo es realizado según las pautas establecidas por este organismo, la lana tiene asegurada su salida al mercado a mejor precio, porque la calidad estaba avalada (Troncoso et al. 2007; Aparicio et al, 2013). Desde su implementación los productores han intervenido con variaciones adecuándolo a la costumbre.

En la actualidad, y tomando solo la zona denominada Cañadón Largo observamos establecimientos con diferentes realidades:

Uno campo en sucesión de una familia compuesta por siete hermanos en un lote de 2000 has. y con una producción de 500 ovejas. Ante la eminente muerte de su madre, se reunieron todos los hermanos y les entregaron la propiedad a los dos hermanos menores, con la condición de que la propiedad no se vendiera y todos pudieran tener acceso a ella. En la actualidad, el campo es cuidado por un jubilado que no cobra por dicha prestación. Cabe mencionar que no tienen ovejas como en años anteriores, solamente unos cincuenta animales para consumo.

El siguiente lote también es una sucesión, administrada por un hijo que tiene una producción de 600 animales en cuatro leguas (10.000 has). Este campo no tiene cuidador, salvo las visitas quincenales que realiza este hombre que hace los trabajos con su hijo: esquila, servicio de carneros, etc. Está jubilado y su mujer trabaja en la Comuna Rural del pueblo de Telsen como administrativa.

Luego se ubica un productor ya jubilado y que tiene un departamento en Trelew en alquiler y está sólo en el campo. Cuida su hacienda que consta de 300 animales en la actualidad. No tiene herederos y también es una sucesión.

Prosiguiendo, hay un establecimiento con 500 animales (de 2000 que solía tener) que, como excepción, no es sucesión. El encargado vive con su esposa pero no tiene hijos por lo tanto no tiene herederos. También está jubilado, posee una vivienda en Trelew que no alquila.

Hay otro lote con 1200 animales ovinos (de los 3000 que solía tener hace diez años), también es sucesión. La propiedad pertenece a la madre de 82 años y dos de sus hijos. Los otros cuatro viven y trabajan en Trelew. El varón se dedica a las tareas rurales y la hermana es enfermera jubilada. No piensan vender la propiedad.

El resto de los establecimientos pertenecen al Doctor Williams (fallecido), propietario absentista que fue adquiriendo lotes desde la escuela y sus alrededores y posee más de 5000 animales con dos peones para diez leguas de campo. Llegó a tener 15 mil animales.

En Sierra Apas (lindante a Cañadón Largo) se ubica otra familia que optó por no vender la propiedad pero abandonó todo tipo de producción y el propietario reside en el pueblo de Telsen. Sus hijos, ocho en total, viven en Trelew, Telsen y Sepaucal. En el campo de seis leguas tienen solamente caballos los cuales venden o consumen en invierno. El campo estuvo a la venta pero no se pudo vender por lo alejado y su difícil acceso.

En las sierras se ubica una familia más que posee una legua, no tiene animales, es una sociedad de dos hermanos que no venden la propiedad, la usan para cazar o pasear los fines de semana. Tienen equinos para consumo en los inviernos.

El resto de la tierra pertenece al empresario Valle, que tiene 32 leguas de campo llegando hasta Rio Negro. No posee animales ni cuidador[6].

El jefe comunal analizando la situación expresa: "los jóvenes se han alejado del campo" y "tienen su interés puesto en el pueblo o la ciudad" y que "no hay otra actividad sustentable para la zona". Por otro lado, ve peligrar la reproducción del campesinado:

Hoy no encontrás gente calificada que alambre o que sepa domar un caballo, no hay talabarteros, están en extinción. La enseñanza de esas tareas es por experiencia, los chicos no aprendieron de la generación anterior y hay chicos que dejaron de estudiar y no se vincularon con la actividad[7].

 

Quien habla es uno de los más importantes promotores en la zona de la instalación de la minería.

El juez de paz de Telsen que lleva el censo ganadero actualmente analiza cuatro casos de la zona Cañadón Largo, Sierras Apas y Sepaucal. Desde 2006 decrece la cantidad de animales por "la nevazón". En ese tiempo cuatro productores reunían 5000 cabezas de ganado ovino. En 2010 el número era de 500, y en 2017 de 1500 animales, en tanto uno de los productores quedó sin nada. Las pérdidas de ganado en los últimos diez años que estima son del 70% para establecimientos pequeños o medianos.[8]

 

Es incierto el futuro

“¿Qué es una voz? ¿Es la voz autónoma de la constitución de los sujetos? ¿Qué relación hay entre la voz, la palabra y la agencia humana?” se pregunta Bidaseca, quien propone elaborar una teoría de las voces, distinguiendo entre voces altas y bajas para diferenciar las voces contrahegemónicas (y hegemónicas) de las altas y de nuestras propias voces para diseñar una etnografía dialógica. Para la autora, inspirada en Guha, las voces bajas son las que quedan sumergidas por los mandatos estatistas. Pero no toda voz alta es hegemónica ni todas las voces bajas son contrahegemónicas, sino a veces convergentes, miméticas, alienadas, copias de identidad hegemónica, “la condición para ser una voz política radica, pues en su intensidad” concluye (Bidaseca, 2010, pp. 197-209).

Es más, junto a Giarraca, Bidaseca pregunta: "¿pueden las comunidades hablar por sí mismas? ¿Pueden ser la entrevista un lugar de enunciación para que los subalternos puedan hablar?" (Bidaseca y Aparicio, 2009). Siguiendo a Bajtin y su concepto de polifonía es posible agudizar la escucha, entendiendo que el sentido no surge de una sola voz, pero ¿será posible igualar la palabra por sobre la ubicación en las relaciones sociales, la etnía, el género?

Para Guha "la voz dominante del ‘estatismo’ ahoga las voces de unos protagonistas que hablan en voz baja y nos incapacita para escuchar otras voces que por su complejidad son incompatibles con sus modos simplificadores (...) hay que desafiar la univocidad del discurso estatista" (Guha, 2002)

Las voces bajas hablan de sus luchas, de sus temas, de su agenda. No sólo las luchas contra el estado o el terrateniente, sino contra vecinos o entre comunidades. Contra el contexto que le aparece como destino, como curso inevitable en el que se lee inmerso y sin medios para resistir. Con sus explicaciones y argumentos, con lecturas complejas que no siempre queremos/podemos oír. La objetivación a la que sometemos a nuestros sujetos de estudio al convertirlos en escritura, tanto al considerarlos medios para leer e interpretar la realidad como textos, de manera literal, al dejar su palabra impresa se produce una operación de traducción que tiene la potencialidad de tergiversar estos discursos.

Dice Pierre Bourdieu, analizando un panorama similar al que estudiamos aquí, acerca de agricultores: "Mis dos interlocutores, que habían venido con mandato para plantear problemas políticos, públicos, me plantearon problemas a los que se califica de personales o privados. Una gran parte de la conversación (de más de tres horas) giró en torno a la partida del hijo de uno de ellos" (Bourdieu, 1999). Allí nota que el entrevistado utilizó, en momentos sensibles, el modo impersonal. Esto fue interpretado por el sociólogo como mecanismos genéricos para decir lo indecible, como por ejemplo, que el hijo no comparte lo que siente o piensa el padre respecto a determinados temas que son vitales para el segundo, como el hecho de ser agricultor.

Un poblador de Cañadón Largo expone que en 2006 tenía alrededor de 1000 ovejas, en 2011 unas 700 y en 2017, 200 cabezas. Su familia ha sido pobladora del lugar desde principios del siglo XX y la numerosa prole puso en producción los campos de toda la zona. Se trata de un productor ya jubilado, vecino de su hermano que también es jubilado. Ninguno de los dos tiene hijos. Además de la jubilación posee una propiedad alquilada que también suma a los ingresos. Entre los paliativos menciona la ayuda de CORFO con subsidios para arreglar mallines, comprar pasturas y la asistencia de un técnico de INTA que "nos da una mano". Por otro lado manifiesta: "armamos un grupito" para no abandonar, "no voy a dejar que se pierda todo". Su pronóstico no es alentador: "se va a terminar esto así", "tenemos muchas contras", "soy un hombre grande", "vamos a la fundición". Sin embargo afirma que no deja el campo "porque es el lugar donde me crié". Así expone lo que llamamos procesos de descampenización. Sin embargo su perseverancia indica que es posible una recampenización. Es decir, por el momento parece una situación ya definida, pero sostiene la tierra, que probablemente hereden sus sobrino/as, cumpliendo con sus padres y abuelos y a la espera de una posible revitalización de la actividad. O en la convicción de sostener la tierra toda su vida.

¿Qué es una voz? Traemos a colación otro caso, el de Fortunato Pichalao, quien llevara una vida de lucha por sostener su lote, legado de sus padres, y que llevó su litigio hasta la vía judicial y administrativa. Esta es una de las estrategias que se utilizan con todos los riesgos que conlleva y que provoca desconfianza por las experiencias de despojo en que han resultado. La sentencia fue dictada por la Jueza Civil y Comercial de Puerto Madryn Dra. María Laura Eroles y entre sus fundamentos principales se menciona la vinculación de los Pichalao con la tierra y su desconocimiento y desconfianza del sistema institucional, particularmente del Instituto de Tierras (IAC):

Resulta claro que, tanto Fortunato Pichalao como Elena Cual eran analfabetos. Ni siquiera sabían firmar, estampando su pulgar a modo de identificación. No habían concurrido a la escuela, desconocen la fecha de su nacimiento y han vivido desde niños en un paraje aislado de centros urbanos, lo que hace suponer también que desconocían o incomprendían el sistema burocrático occidental, percibiendo, tal como lo señalan los testigos, al Instituto Autárquico de esta provincia como un organismo peligroso, del que debían desconfiar, pues intentaba privarlos de sus tierras....

 

La inferiorización del dictamen, que si bien favorece a Pichalao, no hace más que verificar que las "voces bajas" tienen escaso o nulo poder de enunciación.

Darío Aranda, periodista y activo defensor de los derechos de los pueblos originarios, en particular en las luchas antimineras, presentó en su libro Argentina Originaria, genocidios, saqueos y resistencias a dos productores pertenecientes a dos comunidades mapuche tehuelche diferentes, militantes contra la megaminería, y obtuvo el siguiente registro. Patricio Huichulef dijo: “Ahora estoy desobediente”. Se posicionó como un hombre que quiere ser escuchado. Patricio construyó con sus palabras un testimonio para el periodista, poblado de abuelos, padres e hijos, de historia familiar. Una historia familiar cuyo núcleo es el campo de Laguna Fría. Para Patricio y los suyos – y sus vecinos – la meseta es su lugar en el mundo y de ninguna manera un “desierto”. Sobre Victorino Cual expone:

Don Victorino nació en la meseta de Chubut. El rancho de adobe y chapa que construyó con sus propias manos, donde se criaron sus nueve hijos, tiene tres habitaciones y una cocina comedor con una ventana pequeña que deja en penumbras una ronda de sillas y bancos a la que se sienta con sus visitas. Viste pañuelo rojo al cuello, camisa azul, bombachas de campo deshilachadas, alpargatas gastadas” (Aranda, 2010, pp. 92-94).

 

El periodista pretendía presentar a un sujeto resistente, que ha dicho NO, que dice NO, que hace explícita su idea política y la fundamenta. Sin dudar de las buenas intenciones, ejemplos como estos deben llamarnos la atención sobre los discursos dominantes que nos habitan y en particular cuando hablamos por otros y traducimos a la palabra escrita. Las voces bajas permanecen bajas cuando el entramado en que se enuncian se halla estereotipado y, las más de las veces, ya se ha anunciado su destino, se han predestinado.

Creemos que aquí tenemos una proyección importante de nuestra investigación, en tanto hemos constatado que la escucha de estas "voces bajas" se hace imposible en términos de la temporalidad moderna y la concepción de la tierra como mera mercancía o medio para producir bienes o riqueza. Hay otras interpretaciones, hay presencias, hay discursos que se manifiestan y evidencian pero quedan ahogados en lecturas unilaterales y externas.

Esto/as campesino/as producen y sostienen unos significados otros sobre la tierra y su existencia, su identidad. Si no prestamos atención a las múltiples estrategias desplegadas y sus propósitos es posible que diagnostiquemos la desaparición de un sujeto histórico al que desconocemos.

Una forma corriente de ahogar esas voces es la inferiorización que lo/as desestima como sujetos históricos con proyección. Sus rituales y lugares sagrados, su vestimenta, su escolarización, la adscripción religiosa o étnica, el apego a un lote pequeño, las prácticas económicas, la densidad de población, el paisaje estepario, las viviendas, las costumbres, en fin, todo un modo de vida que ofrece en cada instancia posibilidades de alterización e inferiorización. Lejos de acallarse, esas voces persisten y las voces altas no dejan escuchar. Como veremos a continuación, los mesetenses que pretenden conservar su tierra y sus modos de vida siguen enunciándose.

 

De la lucha por la tierra a la lucha por el territorio

Una estrategia posible desplegada en estos años es la conformación de una comunidad de pueblos originarios, que en la meseta se representan mapuche-tehuelche (es decir con una doble adscripción). La comunidad Aborigen Taquetrén, cuyas tierras se ubican en los Departamentos Gastre y Cushamen, inició los trámites para constituirse como tal en 1997. Veinte productores firmaron las actas, establecieron sus protocolos de funcionamiento, conformaron una comisión directiva, dictaron el régimen de las asambleas y recuperaron con el testimonio de los mayores de las familias la historia del lugar, indicando que "los jóvenes y ancianos del lugar, todos los presentes son descendientes de pobladores que habitaban el territorio nacional en la época de la conquista o colonización, teniendo una cultura y organización social propia", que "todos hablaban la lengua", que en los 80 "empezó a ponerse feo", que en los 90 "los jóvenes tuvieron que irse" y que "todos vivieron alrededor del lote 6", además de que en "en Taquetrén son todos parientes". En este caso la estrategia, ante el acoso de un terrateniente que pretendía avanzar sobre los lotes, en su mayoría de 1500 a 2500 has. es unificar el lote, convirtiéndolo en Comunidad Aborigen para obtener el título de propiedad como tal, siendo quince los integrantes con lote, de los cuales tres tenían sus parcelas en sucesión, es decir, expuestas a un nuevo subloteo. La inspección se llevó a cabo en 2006. Los informes respectivos no varían luego de pasados 100 años: superficie, situación legal (tenencia precaria, ocupante, propietario), edificaciones, con detalle de los materiales y las dimensiones, constatación de la existencia de una quinta, detalle de hacienda ovina, caprina, bovina y equina, integrantes de la familia, existencia de alambrado y estado de conservación e higiene. En 2016 la Dirección de Catastro emitió la resolución que permite realizar el trámite de escritura[9]. Si se firma el decreto respectivo, esa tierra será no divisible, no enajenable y comunitaria. Actualmente hay nueve comunidades con trámite para reconocimiento oficial de propiedad comunitaria.

Igualmente caben algunas acotaciones respecto a la conservación de la tierra de quienes han elaborado estrategias particulares y familiares. El mecanismo de la sucesión, como parte del derecho estatal, obliga al reparto igualitario entre los hijos, además del cónyuge, pero hacia el interior de las familias ha sido reinterpretado y ejecutado de otra manera, consuetudinariamente. Los hermanos mayores, el primero o el segundo, entrenados y preparados para sostener el campo se suponían los herederos naturales del lote, por mandato paterno. Así, al producirse la sucesión, las mujeres firmaban la “cesión”, esto es, no reclamaban su parte. Los otros hermanos, si ya se habían marchado, hacían lo mismo. De esta manera, los destinatarios ya elegidos en la familia obtenían el control oficial del campo legado. Pero allí es que se pusieron en juego la cohesión familiar y la intervención de externos (en lo que llevan papel protagónico lo/as cuñado/as), o la capacidad del elegido para poder conseguir financiamiento de sus hermanos para ir comprando las partes sucesivamente, la decisión de los hermanos de asociarse para mantener el lote que en realidad es aprovechado solo por uno o dos, y otras estrategias que han permitido sostener la ocupación y uso de la tierra. En contrapartida suceden casos en que la división de lotes pequeños que realizan el trámite de sucesión aparece como la oportunidad para inversores y concentradores de tierras que van comprando a quienes, ya desvinculados de la tierra y alejados de sus hermanos, heredaron un pedazo de tierra, con lo que se hace inevitable que estos trámites se oficialicen y judicialicen.

Las estrategias colectivas y sociales son variadas y dinámicas. La siguiente secuencia permite observar actividad constante en el centro de la meseta desde hace 6 o 7 años[10]:

El 6 y 7 de marzo de 2011 se organizó una cabalgata contra la megaminería. Salieron en más de 20 jinetes desde Gan Gan, recorriendo más de 40 km hasta las tranqueras del emprendimiento megaminero Navidad. Se sumaron en caravana colectivos, camionetas y autos, logrando una manifestación de más de 180 personas en la entrada del yacimiento minero. Hay registro del programa Miradas al sur de la Televisión Pública de la Provincia. Se repitió en 2014 la misma actividad. Hay registro en el diario Jornada del 22 y 29 marzo de 2014, en el diario El Chubut del 14 marzo de 2014 y el diario El Patagónico del 26 marzo de 2014.

En mayo de 2011 más de 60 referentes de las comunidades mapuche tehuelche de la meseta se trasladaron a Trelew, para movilizarse al día siguiente a Rawson en reclamo del respeto de sus derechos. Se ha llevado a cabo la movilización todos los años siguientes.

En mayo de 2011 se organizó una movilización hacia Legislatura y Casa de Gobierno, fuerte apoyo de organizaciones sociales de la costa. Solicitaron ser recibidos por el gobernador, lo que fue denegado. Se elaboró un documento titulado “Volvimos y volveremos”. Se repitió en 2013.

En abril de 2012 se realizó el Trawn (reunión, en idioma mapuzungdum) de las comunidades mapuche- tehuelche de la meseta en Gan Gan y los participantes elaboraron un documento. Entre ellas estaban Comunidad Mallín de los Cual, Laguna Fría, Taquetrén, Cerro Bayo, Lagunita Salada, etc.[11] Los Trawn se ha repetido en 2013, 2014, 2015, 2016, 2017, y el presente año.

El sábado 17 de agosto de 2012, más de setenta vecino/as mesetenses con mandato de sus asambleas de base ratificaron el plan de lucha contra el marco regulatorio que en esos días pretendía tratar la Legislatura Provincial, alterando la vigente ley 5001. Esta ley actualmente prohíbe este tipo explotación minera con utilización de grandes cantidades de agua, explosivos y tóxicos. Estuvieron representadas la Asamblea Ciudadana de Dolavon, la Asamblea de Vecinos Rawson-Playa, la UAC del valle, costa y meseta de Chubut, los Foros Ambientales y Sociales de la Patagonia presentes en Comodoro Rivadavia, Puerto Madryn y Trelew; Asambleas de la meseta y de la ciudad de Trelew, y la histórica Asamblea de Vecinos Autoconvocados por el No a la Mina de Esquel, entre otras organizaciones. Así se han ido incorporando a otros movimientos sociales con los que comparten intereses.

En octubre del mismo año se realizó el IV Encuentro de la Unión de Asambleas Patagónicas UAP en Gan Gan (Departamento Telsen) con representantes de todas las provincias patagónicas “reunidos por la lucha del agua y el territorio”. En este ámbito surgió que Chubut necesita una ley que amplíe la prohibición a la megaminería y nació la idea de impulsar una ley mediante una iniciativa popular. [12]

En diciembre de 2012 se estrenó en Gan Gan la película “Desiertos de Piedra” con la presencia de su director y equipo de producción basado en libro Quince mitos y realidades sobre la megaminería transnacional, en formato documental escrita y dirigida por German Ciari/ producida por Agalon con testimonios de Hortencia Hueicha, lonko de la comunidad Los Pino de Gan Gan.

En abril de 2014 se movilizaron 50 representantes de las comunidades mapuche- tehuelche de la meseta, para hacer entrega de las firmas recolectadas por la Iniciativa Popular, entregándolas en el superior Tribunal de Justicia, Secretaria Electoral. Fueron 13.007 firmas con una importante movilización que acompañó. Los diputados tenían plazo de 6 meses para tratar el proyecto presentado.[13]

En 2013 se realizó en Gan Gan se realiza la 2da. Feria de Actividades Productivas de la Meseta, se repitió en noviembre de 2014[14] y se ha sostenido en el tiempo. La 3era Feria de actividades Productivas de la meseta en Gan Gan[15] se ofreció como alternativa a los proyectos megamineros y trasnacionales, como explica Hortencia, lonko (jefa, cabeza, en mapuzundum) de la comunidad Los Pino dice: “tenemos la lana, tenemos los cueros…con la lana vivimos, con la lana comemos, con la lana nos vestimos…el campo nos da todo”. Al respecto destacó Callupil:

La única posibilidad de desarrollo para la meseta es la minería’, así lo decían, nosotros decimos que las posibilidades de desarrollo que tenemos aquí son muchas y aquí las estamos mostrando, y habla de dignidad, habla de territorio, habla de trabajo, de esas cosas que son nuestras y que con incorporación de otras tecnologías, de otras ideas, se van fortaleciendo, se van ampliando y así la vida sigue creciendo y se sigue desarrollando (...)A los productores y artesanos de la meseta se sumaron otros tantos de la costa -Puerto Madryn y Trelew- y de la cordillera -Esquel y Epuyen-, y se propusieron maneras de articular para optimizar la circulación y comercialización de productos y materias primas. Asimismo, se acercaron a colaborar asambleístas del Foro Ambiental y Social de Puerto Madryn y de la Asamblea de Vecinos Autoconvocados de Esquel por el No a la Mina. (Esta feria) que quiere seguir mirando la huella que han dejado los antepasados, que dejaron los mayores, que son los que porfiadamente se quedaron aquí, a pesar de lo que decían del desierto, a pesar del despojo, de los desalojos, de tantas injusticias, hoy están floreciendo muchas cosas que dicen ‘nosotros nos queremos seguir quedando aquí y queremos vivir de esta manera.[16]

 

En 2016 se realizó en el centro comunitario de Gan Gan una asamblea popular por el agua y la vida. En el mismo año se realizaron marchas por la desaparición del peón rural Raimundo Pino en 2011(al respecto se ha realizado diferentes actividades desplegado diversas estrategias -sociales, judiciales- sin resultado aún). En el mismo año (Mayo junio) lo/as pobladore/as de la aldea Blancuntre (Departamento Gastre) protestaron con llamados a una radio AM por el traslado de sus hijo/as a Gastre ante la falta de gas en la escuela. La solución propuesta por el Ministerio de Educación fue llevarlos a un albergue. A los pocos días retornaron ante las protestas de las madres y los padres. Los reclamos se sustentaron en los discursos que argüían derechos de los pueblos originarios ante la evidente gestión del Ministerio de Educación de vaciar de niño/as las aldeas y así producir despoblamiento y habilitar alegatos pro-mineros.

 

Recapitulación

Hemos titulado este trabajo "Mientras tenga la tierra" para desagregar y distinguir estrategias y prácticas sociales de los/as pequeño/as productores/as de la meseta chubutense en los primeros años del siglo XXI y con el propósito de destacar la importancia de la población aquí estudiada como un caso concreto de lucha social y cultural por la tierra, en tanto es un bien constitutivo, tanto en lo material y económico como en lo social y cultural. Esto nos ha llevado a la complejidad del concepto campesino/a y campesinado, desestimando que pueda ser comprendido en estricta relación con la tierra como mercancía. Y nos ha advertido de las diversas adscripciones políticas, étnicas y sociales que se habilitan como estrategias y como argumentos para mantener y proyectar sobre el lote. Sobre esto último ha sido útil, a fines explicativos, pensar a instancias de la propuesta de Manzanal, en los procesos de campenización y descampenización, en tanto nuestros registros orales indican proyecciones de recampenización, al igual que la recuperación de ganado que se observa en los censos de Lagunita Salada, a modo de ejemplo. Los discursos, las prácticas sociales, las estrategias desplegadas nos demuestran que esto/as habitantes del campo mesetense combinan respuestas basadas en la costumbre (siguiendo pautas comunitarias) y novedades apropiadas y resignificadas (como la adhesión a movimientos sociales más grandes, la utilización de formatos de otras manifestaciones sociales, las demandas judiciales etnificadas, etc.). Para comprender estas demandas hemos considerado aplicar la idea de heterotemporalidad que propone Chakrabarty (2008), inseparable de otro concepto suyo, modos de ser en el mundo, a los efectos de agudizar la escucha y considerar otros ejercicios de traducción (inevitables en nuestro oficio) que se sostengan en la escucha, en habilitar y reconocer enunciados, o más aún, sujetos históricos que insistentemente demandan y persisten en palabras, prácticas y hechos.

Sin embargo, cada día, las ideas de despoblamiento y desierto vuelven revitalizadas, para construir argumentos que habilitan la intervención y disposición del territorio patagónico y sus habitantes. Uno y otro/as son inferiorizados y desestimados. Contra este complejo discurso, histórico y dinámico es que deben luchar esto/as pobladores mesetenses para defender su tierra. Vale la escucha.

 

Bibliografía

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Bidaseca K. y Giarraca N. (2009). Notas sobre entrevistas, voces y ensambles. En N. Giarraca, y M. Teubal (coords) La tierra es tuya, nuestra y de aquel, (pp. 231-234) Buenos Aires, Argentina: GEMSAL

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Páginas web

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“Se conformó la unión de asambleas ciudadanas de Chubut contra la megaminería” (18/08/2012), Comisión Prensa y Comunicación UAC Unión de Asambleas Ciudadanas. URL: http://www.noalamina.org/mineria-argentina/chubut/item/9628-se-conformo-la-union-de-asambleas-ciudadanas-de-chubut-contra-la-megamineria

“A respetar la consulta aborigen” (08/10/2014), Diario Judicial. Recuperado de: http://www.diariojudicial.com/nota/35192 

 

 

 

 

 

 

 

 

Presentado: febrero 2019                                          Aprobado: abril 2019

 



[1] Un panorama de este proceso se puede ver en Pérez (2012) y Troncoso (2015)

[2] Nos referimos a los empleos estatales, generalmente los más bajos de las escalas respectivas, como portero/as, cocinero/as, choferes, encargado de patio, encargado del motor de energía (puesto muy bien remunerado en comparación con otros semejantes por pertenecer a Servicios Públicos con un convenio con el sindicato Luz y Fuerza muy beneficioso para lo/as trabajadores), empleo doméstico y cuidado de niño/as (mujeres todas, empleadas por docentes y otros empleado/as que pueden pagar los servicios, en general precarizadas). Podemos agregar aquí otras resoluciones como la de instalar un pequeño almacén, hacer panificados, albañilería, ayudante de camionero, gomería, taller mecánico, etc. todos servicios que pueden prestar alguno/as de lo/as integrantes de la familia campesina que complementan los ingresos. Así mismo los hombres jóvenes realizan changas y ocupan puestos relacionados con la lana y la producción agropecuaria: esquila, puestero o cuidador, trabajos en época de señalada, alambrador, trabajos en construcción de corrales o galpones, etc. Otros ingresos provienen de becas y ayudas económicas de los/as jóvenes, por ejemplo las del INAI (becas de ayuda a estudiantes pertenecientes a Pueblos Originarios) o las becas Progresar. Resulta adecuado pensar en mercados de trabajo rururbanos en vez de la dicotómica fórmula rural/urbano para este caso (Croveto, 2014)

[3] No sólo nos referimos a la prolongada sequía que antecede estos tiempos y a la devastadora caída de ceniza producto de la erupción del volcán Puyehue (2011) sino también al proceso continuo de desertificación, producido en gran parte por la ganadería extensiva. Se puede consultar Ejarque (2014, 2015).

[4] Cabe inscribir aquí la respuesta de Ranahit Guha en su crítica a Hobsbawm, integrando religión y parentesco como expresiones políticas, desestimadas en general por la llamada Teoría Crítica (Guha, 2002)

[5] Un panorama completo de los ciclos que ha atravesado esta práctica económica ganadera en Chubut se puede ver en Ejarque (2014).

[6] El relevamiento fue realizado por Horacio Cretton, maestro del pueblo de Sepaucal, residente permanente.

[7] H. Cretton, comunicación personal, 2017.

[8] H. Cretton, comunicación personal, 2017.

[9] Exp. 37236/14, IAC.

[10] Crónica elaborada por Ángel Callupil, ms.

[11] Diario Jornada, 03/05/2012; Diario El Chubut-suplemento de la meseta, 08/05/2012

[12] “Se conformó la unión de asambleas ciudadanas de Chubut contra la megaminería” (18/08/2012), Comisión Prensa y Comunicación UAC Unión de Asambleas Ciudadanas. URL: http://www.noalamina.org/mineria-argentina/chubut/item/9628-se-conformo-la-union-de-asambleas-ciudadanas-de-chubut-contra-la-megamineria http://www.opsur.org.ar/blog/2012/10/12/resoluciones-del-4to-encuentro-de-la-union-de-asambleas-pata...

[13]Diario Crónica, 04/04/2014; Jornada, 04/04/2014; Página/12, 21/04/2014

[14] Diario El Chubut, suplemento de la meseta, 05/12/2013

[15] Diario El Chubut, suplemento de la meseta, 27/11/2014, Diario Jornada, 28/11/14 y Diario El Chubut, 07/12/2014

[16]Gan Gan: Feria de Actividades Productivas de la Meseta” (28/11/2013), http://www.opsur.org.ar/blog/2013/11/28/3011-gan-gan-feria-de-actividades-productivas-de-la-meseta/

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