Ruido para el Estado: autos de carrera y tortura sonora en la economía política del combustible fósil

Jacob Rekedal

Resumen


La subjetividad se forja y también se destruye a través del sonido abrumador. En los estadios de las carreras de autos del circuito NASCAR, es emocionante presenciar el movimiento de poderosas máquinas sobre el asfalto a velocidades de hasta 290 kilómetros por hora. Esta experiencia se combina con sobrevuelos bajos de aviones de guerra, himnos religiosos y nacionales, y un paisaje sonoro dominado por generadores portátiles. Este escenario permite captar la relación entre deporte, nacionalismo y guerra que se manifiesta en los Estados Unidos. En base a una experiencia personal como espectador de las carreras de NASCAR, durante un feriado solemne dedicado a los caídos en batalla, propongo que ruido, sonido y música confluyen en la formación ritual de cierta complicidad con intervenciones militares en el Medio Oriente. Enfatizo el contraste entre la construcción de la subjetividad mediante deporte y ceremonia, y su destrucción mediante la tortura sonora, perfeccionada en las cárceles militares durante los últimos años. Mientras más se codicia el combustible, más se ritualiza su uso, en un proceso que cultiva la fascinación por los ruidos de motores y explosiones. Irónicamente, la música se ha convertido en herramienta de tortura, indicando nuevos acontecimientos en la relación entre ruido, música, subjetividad y guerra.

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El Oído Pensante ISSN 2250-7116. Puán 470, 4to. Piso, Of. 464 (C1406) C.A.B.A. Argentina eloidopensante@gmail.com