POLÍTICAS PÚBLICAS Y APICULTURA. ESTUDIO DE CASO EN ALGARROBO DEL ÁGUILA (ARGENTINA)

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POLÍTICAS PÚBLICAS Y APICULTURA. ESTUDIO DE CASO EN ALGARROBO DEL ÁGUILA (ARGENTINA)

PUBLIC POLICIES AND BEEKEEPING. CASE STUDY IN ALGARROBO DEL AGUILA (ARGENTINA)

María Eugenia Comerci
Departamento e Instituto de Geografía, Universidad Nacional de La Pampa / Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Argentina
Danilo Leone Escuredo
Departameno e Instituto de Geografía, Universidad Nacional de La Pampa, Argentina

Estudios Rurales. Publicación del Centro de Estudios de la Argentina Rural

Universidad Nacional de Quilmes, Argentina

ISSN: 2250-4001

Periodicidad: Semestral

vol. 10, núm. 20, 2020

estudiosrurales@unq.edu.ar

Recepción: 01 Mayo 2020

Aprobación: 29 Mayo 2020



Resumen: En la localidad de Algarrobo del Águila, del oeste de La Pampa (Argentina) se incentivó, mediante la puesta en acción de políticas públicas, la actividad apícola. En este marco se busca analizar la relación entre las políticas públicas y el programa apícola implementado en la localidad, que dio como resultado la formación de una asociación apícola, luego devenida en cooperativa. Asimismo, se pretenden identificar los elementos que obstaculizaron el desarrollo de la actividad y las principales dificultades planteadas en la asociación/cooperativa. Con una metodología cualitativa y la combinación de distintas fuentes se busca abordar la experiencia asociativa y las políticas que fomentaron su desarrollo entre los años 2001 y 2019.

Palabras clave: apicultura, políticas públicas, Algarrobo del Águila, asociación.

Abstract: In Algarrobo del Águila, a village in the west of La Pampa (Argentina), apiculture was encouraged by the implementation of public policies. Within this framework, we seek to analyse the relationship between public policies and the apiculture programme implemented in the locality, which resulted in the creation of a beekeeping association, that was then turned into a cooperative. Furthermore, we pretend to identify which were the elements that hindered the development of the activity and the main difficulties that were raised by the association/cooperative. Using a qualitative methodology and the combination of different sources, we seek to approach the associative experience and the policies that fostered its development between 2001 and 2019.

Keywords: beekeeping, public policies, Algarrobo del Águila, association.

INTRODUCCIÓN

La apicultura en la provincia de La Pampa (Argentina) ha experimentado, en los últimos veinte años, una etapa signada por vaivenes en la producción, en los productores y en su presencia en el extenso territorio provincial. La expansión inicial fue el resultado de la existencia de un contexto económico, social y ambiental favorable, que además se vio incentivado por su promoción a través de políticas públicas. La Pampa reúne condiciones agroecológicas apropiadas para producción de mieles de alta calidad por la presencia de monte nativo.

En función de los niveles de inserción capitalista podemos distinguir dos grandes espacios socioeconómicos: el agropecuario del nordeste y el pastoril del centro-oeste (Covas, 1998). Ante los altos indicadores de pobreza estructural, el oeste de La Pampa, ha recibido políticas de intervención social/productiva de manera sistemática, desde fines de la década del sesenta. Es en este espacio, en el que domina la semiaridez, donde se implementó un programa apícola asociativo.

El inicio de la actividad apícola en la localidad de Algarrobo del Águila, en el año 2001 (ver figura 1), respondió al accionar de organismos nacionales, mediante la implementación de dos políticas: el Programa Social Agropecuario (PSA) y el Programa de Desarrollo de Pequeños Productores Agropecuarios (PROINDER). Estos programas promovieron a la apicultura como una práctica alternativa para diversificar las actividades económicas en la región, históricamente signadas por la ganadería extensiva de caprinos, ovinos y vacunos y la confección de artesanías.

El caso de Algarrobo del Águila da cuenta del proceso expansivo que tuvo la apicultura a comienzo del nuevo milenio en un espacio de borde. Los márgenes y bordes socio-territoriales están insertos en espacios multiescalares más amplios pero de forma subordinada y son áreas de transición con diversidad de prácticas, acciones y subjetividades (Comerci, 2018). En este marco se busca analizar la relación entre las políticas públicas y el programa apícola implementado en la localidad de Algarrobo del Águila, entre los años 2001 y 2019, que dio como resultado la formación de una asociación apícola, luego devenida en la Cooperativa Apícola “La Ilusión”, con la marca de miel “Reina del Atuel”. Asimismo, se pretenden identificar los elementos que obstaculizaron el desarrollo de la actividad y las principales dificultades planteadas en la asociación/cooperativa con el transcurso de los años.

Se parte del supuesto -a modo de hipótesis- que el Estado promovió la actividad apícola en Algarrobo del Águila por considerarla de fácil adaptación ambiental, generadora de beneficios económicos, compatible con otras prácticas socio-productivas y de limitada inversión económica inicial. Sin embargo, desconoció el entramado social preexistente y la falta de experiencia en la dinámica organizacional de las asociaciones/cooperativas. Estos factores, unidos a la escasa apropiación del proyecto productivo, generaron dificultades en la actividad.

Con una metodología cualitativa y la combinación de distintas fuentes se pretenden abordar la experiencia asociativa/cooperativa y las políticas que fomentaron su desarrollo. Para explorar el interrogante planteado combinamos trabajo de campo con el bibliográfico. El desafío consistió, guiados por la teoría “perspectiva del sujeto”, en superar el empirismo ingenuo y acercarnos a las interpretaciones de los distintos sujetos que participaron del proyecto asociativo. Además, se buscó distanciarse de la realidad inmediata e ir más allá de lo aparente. En palabras de Ortiz (2004), fue necesario realizar un viaje:

no un viaje real en el que efectivamente se produce un desplazamiento espacial de un lugar a otro. Se trata más bien de un desplazamiento imaginario, en el cual el científico social, sin salir del lugar, construye otra espacialidad, aparte de su situación presente. Él viaja en ésta territorialidad imaginada a través de los conceptos, las abstracciones que lo hacen trascender su condición específica. Para “comprender la realidad”, o mejor, para captar las articulaciones de elementos de la realidad, es necesario alejarse de ella (Ortiz, 2004: 16).

El diseño de investigación seleccionado, a partir del propósito del trabajo, fue el cualitativo. Este se concibe como un proceso interactivo que involucra “virajes hacia atrás y hacia delante” entre diferentes componentes, evaluando las implicancias de los propósitos, teoría, preguntas de investigación, métodos y amenazas de validez de uno por el otro” (Maxwell, 1996: 3). Bajo esta perspectiva metodológica se viene trabajando desde hace más de veinte años en el oeste pampeano en temáticas referidas a las transformaciones socioproductivas del espacio pastoril. En relación directa con la experiencia apícola en Algarrobo del Águila, se ha realizado -durante los años 2016 y 2019- un conjunto de entrevistas a informantes clave, apicultores integrantes de la asociación/cooperativa, funcionarios públicos, técnicos del Programa Social Agropecuario-PROINDER, miembros de la Secretaría de Agricultura Familiar, y demás agentes vinculados con la actividad en los departamentos Atreucó, Chalileo, Chicalcó y Capital, del territorio pampeano. Asimismo, se contó con datos de los anuarios estadísticos provinciales (https://estadistica.lapampa.gob.ar), estadísticas nacionales (INDEC, 2010; CNA, 2008; 2018), investigaciones previas e informes técnicos sobre la actividad apícola.

Ubicación de la unidad de estudio
FIGURA Nº 1
Ubicación de la unidad de estudio
Fuente: Elaboración propia (2020), en base a mapa de Covas, 1998, p 21, datos del Instituto Geográfico Nacional, Dirección General de Catastro y Dirección de Vialidad de la Provincia de La Pampa, 2017.

A continuación, se plantea la perspectiva teórica desde donde se analiza a la política pública y el estado del arte sobre las intervenciones estatales en la región. Luego se aborda, desde una mirada estructural, el circuito apícola, los sujetos y la evolución de esta producción en la Argentina y en la provincia de La Pampa. Con posterioridad se describe la experiencia apícola asociativa/cooperativa en Algarrobo del Águila y su relación con las políticas públicas. Finalmente se reflexiona en torno a las dificultades presentadas en el caso de estudio.

La política pública en perspectiva en el oeste de La Pampa

Las políticas expresan maneras de pensar sobre el mundo y cómo actuar en él. Contienen modelos implícitos de sociedad y visiones de mundo. Pretenden regular, intervenir y modificar la sociedad a partir de la imposición de cierto orden y coherencia. Es decir, contienen una “voluntad de poder”; no sólo son un ejercicio de persuasión y legitimación, sino que también objetivan a quienes se dirigen y los someten a la anónima mirada de los expertos. Una de las mayores consecuencias de esta visibilidad es que las políticas crean nuevas categorías de personas y nuevas formas de subjetividad (Shore, 2010).

En el contexto de la profundización del neoliberalismo de fin del siglo XX y comienzos del XXI en Argentina, el sistema de reproducción social experimentó profundas transformaciones que impactaron en el conjunto de los ámbitos de la vida social, emergiendo niveles de desigualdad y exclusión social sin precedentes, como resultado de la desarticulación de los lazos de sociabilidad construidos en décadas anteriores en torno al trabajo. En este marco se configuró un escenario que interpeló a los sujetos sociales y al Estado de diversas maneras. Por un lado, para ampliar sus capacidades de diagnóstico e intervención, a la luz de los cambios producidos en las condiciones de vida. Por otro lado, evocó a la construcción de otros conocimientos, nuevos y distintos, comprometidos con la condición humana (Cittadini et al, 2010).

Luego de la etapa de ajuste estructural devino un nuevo ciclo signado por el mayor protagonismo estatal. Entre los años 2003 y 2015 en Argentina se generaron espacios institucionales con participación ciudadana y foros de discusión en torno a la nueva destinataria de los programas de desarrollo rural: la producción familiar. No obstante, el avance del capitalismo agrario favoreció la concentración y potenció los procesos de descomposición de la producción familiar-campesina. En este contexto el gobierno nacional enfrentó la contradicción de obtener divisas y requerir alimentos para abastecer al mercado interno, frente a los problemas de la insustentabilidad agroecológica del modelo socio-productivo (Comerci, 2015).

Existen continuidades, cambios y matices en la política económica argentina desde 2003. Si bien ha crecido la redistribución del ingreso a través de diferentes medidas, la política agraria de comercio exterior persiste sin demasiadas discontinuidades respecto del pasado neoliberal y avanza, casi sin obstáculos, el capitalismo agrario. Se coincide con Castro y Arzeno (2018) en que muchas de las políticas estatales, articuladas con programas internacionales (del Banco Mundial o la FAO) orientaron el desarrollo rural, promovieron el agronegocio y, paralelamente, a la agricultura familiar. Como resultado de estos procesos y prácticas ha emergido una geografía rural compleja, heterogénea e híbrida.

Los programas y proyectos implementados desde el Estado acompañaron los cambios en los modelos de desarrollo. En la década de 1990 surgieron los programas “de desarrollo rural” centrados en categorías específicas de poblaciones “objetivo”. Se trataba de proyectos de contención social en el marco del modelo de ajuste estructural que no ponían en cuestión el modelo político-económico entonces vigente en el país (Manzanal, 2006). Entre otros se destacaron el Programa Social Agropecuario (PSA) y el Proyecto de desarrollo de pequeños productores agropecuarios (PROINDER), promovidos desde la entonces Secretaria de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos de la Nación (SEGPyA), y el Programa Minifundio, gestado desde el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). Tenían como sujetos de intervención a “pequeños productores” y “minifundistas” y buscaban mitigar los impactos y externalidades del modelo neoliberal.

El Programa Social Agropecuario (PSA) tuvo amplio impacto en los departamentos del oeste de La Pampa y dio como resultado la formación de distintas asociaciones de productores con personería jurídica y activa participación: tales como la Asociación de La Humada, Asociación del Paso, Asociación de Algarrobo, Asociación El Salitral, Asociación de Chos Malal, Asociación de Puelén, entre otras. Financiado por el Banco Mundial, el PSA fue implementado en el oeste de La Pampa desde el año 1995. Proponía acciones tendientes a facilitar la inclusión de pequeños productores en estructuras asociativas para alcanzar mayores niveles de ingreso, desarrollar procesos de crecimiento y capitalización y mejorar la comercialización (Ministerio de Economía y Finanzas Pública, 2011). Cuando se creó la Subsecretaría de Agricultura Familiar en 2009, el PSA dejó de existir como tal, aunque su red de técnicos continúo trabajando en dependencia directa de esta Subsecretaría, hasta que en 2016 el gobierno de Mauricio Macri, redujo el personal y capacidad de intervención del organismo.

Estas actividades se enmarcaron en el denominado “neoinstitucionalismo” que sostiene la importancia de las instituciones y las organizaciones para resolver las imperfecciones del mercado en la asignación de recursos. El peso otorgado por este enfoque institucionalista se puede observar en los diagnósticos de situación sobre las transformaciones que debían asumir las organizaciones sociales (Lattuada, 2006). En la Argentina los programas de desarrollo rural han promovido, durante las últimas tres décadas, en forma sistemática, metodologías de intervención grupales para brindar asistencia técnica, capacitación y financiamiento con el objeto de construir proyectos asociativos de diferente tipo que integren a productores y a población rural vulnerable para mejorar sus condiciones de vida y sus capacidades de negociación y participación; pero es durante la presente década que la construcción de capital social se constituye en un objetivo y, a su vez, en un instrumento explícito de las intervenciones (Lattuada et al, 2015).

El Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES), define a las cooperativas de trabajo como aquellas formadas por quienes ponen en común su fuerza laboral para llevar adelante una empresa de producción, tanto de bienes, como de servicios (https://www.argentina.gob.ar/inaes). Dentro del asociativismo pueden distinguirse dos tipos: el reinvindicativo, que defiende intereses integrales de sus asociados y el no reinvindicativo, que reclama generalmente, intereses de naturaleza económica (Moyano, 1997, citado por Lattuada, 2006, 21-23). Se coincide con Tort y Lombardo (2009) en que las personas que conforman las cooperativas dejan de ser asalariadas para convertirse en socios de una organización en la que trabajan en común, con iguales derechos y obligaciones, lo cual les posibilita mejorar su nivel de vida y condiciones de trabajo.

La presencia del Estado como productor del espacio occidental de La Pampa ha sido clave. Como ya se mencionó, estos productores/as fueron destinatarios de distintas políticas de intervención territorial en las que participaron diversos agentes, tales como el Banco Mundial e instituciones estatales de orden nacional, provincial y municipal. Los nuevos espacios de discusión propuestos, a través de la Subsecretaría de Desarrollo Rural y Agricultura Familiar, habilitaron estas otras formas de intervención a través del asociativismo y la formación de cooperativas. Es innegable que para las y los productores del oeste la dinámica de participación cambió desde entonces. La integración de estas áreas socio-productivas potenció, en algunos casos, los recursos humanos, infraestructura y equipamiento. Pero las acciones no se sustentaron en el tiempo y las políticas dirigidas a acompañar la acción de las Asociaciones se diluyeron, generando en algunos casos la desaparición y en otros su latencia (García, 2018).

Junto con el asociativismo, a través del programa PSA-PROINDER se promovió la apicultura en la localidad de Santa Isabel (distante a treinta kilómetros de Algarrobo del Águila). En 1995, a través de una capacitación de iniciación en la actividad, se abordaron contenidos sobre el manejo de colmenas, armado de materiales, instalación, producción de núcleos, caza de enjambres, alimentación, sanidad, extracción de polen, propóleos, cera, etc. Había, en ese momento en la región, sólo un productor apícola dedicado a la actividad, por lo que los contenidos trabajados resultaron novedosos. De quince pequeños productores capacitados, seis de ellos comenzaron un proyecto de autoconsumo con la expectativa de poner en práctica y completar la capacitación recibida, comprobando a la vez la viabilidad de la producción apícola en la región (Rodríguez Billela, 2006). Aquella experiencia de capacitación y trabajo comenzó a trascender, por lo que surgieron nuevas demandas de capacitación en otras localidades del oeste pampeano. Este antecedente fue fundamental para expandir la actividad a Algarrobo del Águila en el año 2001. En este sentido resulta interesante analizar, a través de un estudio de caso, la experiencia con la promoción de la apicultura asociativa en ese lugar y las dificultades enfrentadas desde entonces.

Además, en la segunda década del nuevo siglo, desde el Estado Nacional se viene implementando el Plan Estratégico Argentina Apícola 2017 (PEA) que busca que el país se “transforme en líder mundial del mercado de productos apícolas” (PROAPI, 2018). Este plan integra el Plan Nacional de Apicultura (PROAPI), considerado como un instrumento estratégico de la transformación del sector apícola argentino.

En correlación con estas políticas, en los últimos cuatro años, el gobierno de La Pampa puso en acción el Plan de Activación Apícola Provincial 2016-2020. Entre los objetivos generales se pretende posicionar al sector apícola pampeano como referente nacional e internacional en producción y comercialización de miel, como así también de otros productos de la colmena. Entre las acciones realizadas -en el año 2018- se destacan la capacitación en iniciación apícola, desarrollo de un taller de caracterización de mieles pampeanas, sistema de certificación orgánica, sistema de trazabilidad apícola y la campaña “Sumale miel a tu vida” (Anuario estadístico de La Pampa, 2018).

Junto con estas medidas, el Estado provincial ofrece líneas crediticias para apicultores a través del Banco de La Pampa y del Ministerio de la Producción. Con participación de docentes universitarios se estimula a jóvenes apicultores formados en organizaciones apícolas. En ese marco se construyeron y remodelaron salas de extracción comunitarias. Para garantizar la calidad del producto exportado los apicultores cuentan con el Laboratorio de calidad de Alimentos pampeanos (LABCAP) situado en la ciudad de General Pico. Recientemente se incorporó la miel al programa de precios cuidados pampeanos para fomentar su consumo (Gobierno de La Pampa, 2020). A continuación, se realiza un breve panorama de la trayectoria de la apicultura entre 2001 y 2019 a escala nacional.

Una mirada estructural: circuito apícola, sujetos y producción

El circuito productivo apícola está conformado por un conjunto de eslabones productivos y sujetos que integran la cadena. La miel es un alimento dulce que es producido por las abejas, quienes extraen néctar de las flores y lo transforman en miel dentro de los paneles donde almacenan todo el producto. Los apicultores, además de controlar el estado de salud de las abejas y la hidratación de las colmenas, recogen la miel de los panales y la envían a los centros de acopio. Cuando los panales de abejas llegan a la planta (transportados con suma precaución) pasan por un proceso de extracción. La miel extraída es depositada en máquinas centrifugadoras. Esta miel posteriormente se almacena en unos gigantescos recipientes donde pasa por un filtro que limpia la miel de cualquier elemento no deseado y las homogeneiza. Posteriormente la miel pasa por un reposo madurativo y luego se fracciona y envasa en distintos recipientes (granel, frascos, recipientes de plástico etc.) de acuerdo con la demanda (https://circuitoproductivo.com/miel/).

Se trata de una actividad que estuvo históricamente concentrada en la región pampeana, aunque actualmente el mayor potencial de desarrollo se ubique en regiones como el Norte Grande Argentino, Cuyo y la Patagonia Norte (Secretaria de Agricultura, Ganadería y Pesca y Alimentos, 2018). Durante los primeros años de exportación apícola, en la década de 1990, no se le prestó atención a la calidad. Se exportaba miel a granel, sin ningún grado de diferenciación y era destinada a segmentos de la demanda de bajos precios relativos. Uno de los desafíos existentes para la comercialización en los noventa, consistió en garantizar el origen de los productos y los parámetros fitosanitarios de la producción. En 1996, bajo la órbita del Servicio Nacional de Sanidad Animal (SENASA) y la Secretaria de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos de Nación (SAGPyA), se diseñó el marco normativo para regular la producción, el procesamiento y la comercialización de mieles en todo el territorio. Estas medidas tenían como propósito aumentar la productividad, diversificar y mejorar la comercialización de los productos (Bedascarrasbure, 2009) adecuándose a las exigencias de un mercado internacional especializado.

Sin embargo, la búsqueda de rentabilidad y de los estándares sanitarios demandados en el mercado mundial, los apicultores comenzaron a dosificar cada vez más de productos químicos y farmacéuticos en su apiarios. Esta nueva práctica con escasa regulación, hizo eclosión en 2003 en la "crisis de los nitrofuranos", con la detección en Europa de metabolitos de este antibiótico que colocó a la apicultura argentina ante su más profunda crisis poniendo en dudas su sustentabilidad. A partir de esta crisis el sector reaccionó aplicando un protocolo para producción de miel sin la utilización de antibióticos y la gestión de la calidad a nivel de modelos asociativos que adquirió mayor trascendencia (Secretaria de Agricultura, Ganadería y Pesca y Alimentos, 2018).

En la actualidad, Argentina se ha constituido en la tercera productora/exportadora mundial de miel, después de China y Estados Unidos, lo que representa el 70% de la miel producida en el hemisferio sur del continente americano, y el 6% del total producido en el mundo. Una particularidad de la comercialización de mieles en el país es la modalidad bajo la cual se realiza: el 98% del total exportado se ejecuta a modo granel en tambores de 300-330 kg, en tanto que el restante 2% se comercializa fraccionado o mediante productos elaborados (Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca y Alimentos, 2020). Esta tipología de comercialización conduce a un escaso valor agregado en las mieles, lo que repercute en el desarrollo económico del sector.

En relación con los sujetos, el eslabón primario se encuentra caracterizado casi exclusivamente por pequeño-medianos apicultores, considerando que el 97% maneja menos de 500 colmenas. Actualmente el sector de producción se encuentra conformado por alrededor de 30.000 apicultores e involucra a más de 100.000 puestos de trabajo (Secretaria de Agricultura, Ganadería y Pesca y Alimentos, 2018). Gran parte del territorio argentino es apto para el desarrollo de la actividad. Aun así, Buenos Aires es la provincia con mayor concentración de la producción, tiene alrededor de 915 mil colmenas, según fuentes oficiales de la Secretaría de Agroindustria de la Nación, seguida por Entre Ríos con unas 572 mil colmenas, Santa Fe cuenta con unas 295, Córdoba con números similares (alrededor de 255 mil) y La Pampa con cerca de 208 mil (Secretaria de Agricultura, Ganadería y Pesca y Alimentos, 2018).

El tamaño medio de los apicultores es de 129 colmenas en la región pampeana, 40 colmenas en el Nordeste argentino, 70 en Cuyo y 80 colmenas por productor en el Noroeste argentino (Castillo, 2016). Siguiendo el criterio de tipificación de los productores establecido por Posada (2018), el universo apícola está lejos de ser homogéneo y pueden distinguirse seis tipos en Argentina:

● el productor por hobby, que tiene menos de 16 colmenas, y es el 13,3% del total.

● el microproductor, con entre 16 y 50 colmenas, representando el 39,9% del total.

● el pequeño productor, operando entre 51 y 200 colmenas, siendo el 38,1% del total.

● el mediano productor, que trabaja entre 201 y 500 colmenas, representa el 6,7% del total.

● la empresa apícola, opera entre 501 y 1.500 colmenas, representando el 1,8% del total.

● la gran empresa apícola, con más de 1.501 colmenas en operación, y siendo el 0,2% del total.

Como se observa, las primeras tres categorías (hobbistas, micro y pequeños productores) constituyen el 91,3% del universo apicultor. Para el autor la unidad económica mínima viable es de 200 colmenas, por lo cual, más del 90% de los apicultores argentinos poseen una estructura productiva por debajo de la unidad económica de la actividad (Posada, 2018). Además, la amplia mayoría de los apicultores son “fijistas”, es decir, tienen instalados sus apiarios en un lugar determinado, en cuyo radio liberan a las abejas. Un pequeño conjunto de apicultores, por su parte, son trashumantes, es decir manejan equipos de transporte, que van distribuyendo por distintas regiones del país, según la época de floración, brindado el servicio de polinización a plantaciones frutícolas principalmente. Estos trashumantes son, en general, empresas de mayor envergadura que manejan una logística medianamente compleja y operan generalmente con salas de extracción propias o alquiladas.

La mayoría de los apicultores (que como se señaló, son los de menor escala de operaciones) venden su miel a acopiadores, quienes -según el caso- completan el procesamiento industrial ya mencionado. Los acopiadores, a su vez, venden a los exportadores quienes se encargan de la comercialización a nivel internacional, o bien a alguna de las empresas que abastece al mercado interno (Posada, 2018). La exportación a granel, se encuentra bastante concentrada ya que más del 60% de las exportaciones se concentran en menos de diez empresas. Estas empresas compran la miel directamente a los productores o acopiadores distribuidos en el país (Ministerio de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos, 2020).

En los últimos treinta años, observamos que la apicultura argentina se caracterizó por la ocurrencia de ciclos de “auge” y “depresión” producto de la combinación de factores internos y externos. Durante la década de 1990 la producción de miel argentina creció a un ritmo constante, pasando de 47 mil toneladas en 1990, a 98 mil toneladas nueve años después. La tendencia positiva no fue sostenida en campañas posteriores con un descenso de la producción en el año 2003, cuando se registraron 75 mil toneladas, producto de la crisis de los nitrofuratos antes mencionada.

El bienio 2005/2006 se desarrolló nuevamente un ciclo de crecimiento de la actividad logrando superar las 110 mil toneladas. En tanto, las campañas 2011, 2012 y 2013 presentaron una mejoría leve de la producción registrando 76 mil toneladas igualando la producción del bienio 1997-1998. En las campañas precedentes la producción disminuyó significativamente hasta alcanzar las 51 mil toneladas en 2016 (Secretaria de Agricultura, Ganadería y Pesca y Alimentos, 2020). De acuerdo con los datos provisorios publicados por el Censo Nacional Agropecuario 2018, más de 4700 explotaciones agropecuarias registraron practicar la apicultura, que produjeron 52 mil toneladas, registrando una clara baja, respecto a años anteriores. Argentina censó 3,9 millones de colmenas y 23.000 apicultores (Censo Nacional Agropecuario, 2018).

En el caso de la provincia de La Pampa, en el Censo Nacional Agropecuario 2018, se registraron 125 explotaciones agropecuarias con apicultura, de las cuales 23 contaban con colmenas propias y 104 con colmenas de terceros (Censo Nacional Agropecuario, 2018). Lamentablemente no se cuenta con estudios publicados sobre la estructura productiva apícola provincial. Sin embargo, en base al trabajo de campo que se viene realizando, se puede afirmar que predominan productores pequeños, que poseen entre 50 y 200 colmenas y son muy minoritarios los productores mediano-grandes que tienen entre 500 y 1500 colmenas.

La extracción de miel, en la temporada 2017/18, se realizó en 60 salas habilitadas por el Ministerio de la Producción provincial homologadas con SENASA para exportación del producto. Si bien no se encuentra concluido el relevamiento de miel extraída en La Pampa, los primeros datos señalan leve incremento de la producción por lo que se estarían superando las 3.852 toneladas de la temporada 2016-17. La cantidad de salas en la última temporada se incrementó, pasando de 52, en 2016, a 60, en 2017. A la infraestructura de extracción se suman cinco establecimientos que acopian miel a granel con destino a los mercados externos y cuatro fraccionadoras (Anuario Estadístico de La Pampa, 2018).

De acuerdo con los datos disponibles, en la provincia de La Pampa, se observa una retracción en la actividad desde 2002. En ese año existían 1850 apicultores y 280.000 colmenas. Para el 2008 se registraron en la provincia 1.276 apicultores, mientras que en 2014 solo quedaban 204. El mismo proceso sucedió con el número de colmenas que existían en la provincia, en 2008 que ascendía a 361.292; teniendo su pico máximo en 2009 con 369.072 colmenas (ver figura Nº 2).

Evolución
de la cantidad de apicultores y colmenas (2002-2018)
FIGURA Nº 2
Evolución de la cantidad de apicultores y colmenas (2002-2018)
Fuente: Elaboración propia a partir de INTA, 2004 y Anuarios estadísticos de la provincia de La Pampa 2009, 2010, 2012, 2014 y 2018.

Son varios los motivos que explican este comportamiento de tendencia cíclica: uno de ellos es de orden climático, ya que esta producción del centro y oeste provincial utiliza la floración del bosque nativo como fuente principal de alimentación para los apiarios. La sucesión de años sequía repercutió en una disminución de la cantidad de flores. Sumado a este factor, a partir del año 2008, se produjo una caída en los valores manejados en el mercado internacional de la miel, si bien luego experimentó un alza progresiva desde el año 2010.

Tratándose de una actividad rural la apicultura no está ajena al proceso de agriculturización de la región pampeana, el incremento en la aplicación de agroquímicos y el corrimiento de la actividad ganadera hacia el oeste provincial. Los pesticidas y herbicidas afectan a los apiarios ya sea, de modo directo, producto de la pulverización aérea o, de modo indirecto, a través del contacto de las abejas con hierbas pulverizadas. Tras la contaminación las abejas sufren problemas relacionados con la nutrición y la desorientación, modificando el comportamiento de la colmena (Coppa y Huerta, 2011).

De acuerdo con un estudio realizado por el INTA en 2004, en base a 315 encuestas realizadas a productores que tuvieran como mínimo 5 años de antigüedad en la actividad, en La Pampa la apicultura, era considerada como actividad alternativa o no tradicional, en su mayoría practicada por personas que no tenían otra actividad agropecuaria. La mayoría de los productores poseía un ingreso económico proveniente de otra actividad (77.5 %) y residía en espacios urbanos (94.3%).

El manejo técnico del apiario era muy diverso, los criterios de manipulación de colmenas incluyen desde el artesanal hasta el plenamente comercial. El uso de alimentación artificial o sustitutos de la miel, permite diferenciar el grado de intensificación de los sistemas: desde al manejo de tipo artesanal sin alimentación artificial, hasta el muy intensivo y de extracción total con pleno uso de sustitutos de miel (INTA, 2004).

En entrevistas realizadas a productores del departamento Atreucó (en el este pampeano) expresaron las consecuencias generadas por el avance de la agricultura “moderna” en una zona tradicionalmente de explotación mixta, con primacía ganadera. Los productores con más de 200 colmenas han podido reforzar los ciclos de trashumancia vinculándose con los oasis rionegrino y mendocino, el propósito de esta estrategia es lograr colmenas fuertes desde lo sanitario como en lo nutricional, retrasando el ingreso de las colmenas al sector del este provincial. Los productores “fijistas”, que no cuentan con los recursos necesarios para iniciar largos ciclos de trashumancia, deben realizar refuerzos nutricionales en sus apiarios.

Desde 2016 el Estado provincial ha fomentado la producción de mieles orgánicas argumentando sobre el origen del ecosistema del que provienen: “La miel pampeana se caracteriza por su calidad dado que proviene del sistema del caldenar, es un producto natural, prácticamente orgánico, lo único que precisa es la certificación” (http://www.maracodigital.net/Apicultura-en-la-pampa-hay-300-productores-de-miel-y-generan-240-millones-de-pesos.html). Desde la mirada del sector público la apicultura puede fomentar nuevos “emprendimientos”. En este escenario se inauguró -en 2017- Parque Apícola y Agroalimentario de General Pico que cuenta con una sala de extracción comunitaria de 4.300 metros cuadrados y un depósito de uso común de 1.750 metros cuadrados totalmente equipados para funcionar y prestar servicios de alta calidad.

La apicultura en la provincia presenta una gran dispersión espacial, pues se registra en casi la totalidad de los departamentos. A pesar de la gran expansión territorial, se observa una concentración de productores en el espacio agropecuario oriental. A continuación, analizamos el caso de estudio en Algarrobo del Águila.

Una mirada situada: política apícola y asociación en Algarrobo del Águila

La localidad de Algarrobo del Águila, fundada en 1899 en las cercanías de un brazo intermitente del río Atuel, posee 539 habitantes de acuerdo con datos del Censo Nacional de Población y Vivienda de 2010. Se emplaza en un espacio transicional, entre dos ecorregiones que han dotado a esta localidad de una combinación de distintos recursos naturales como bañados, arroyos y monte natural de jarillas, fundamentales en un ambiente semiárido.

Tradicionalmente los habitantes del oeste pampeano se han dedicado a la actividad pecuaria extensiva (caprina, ovina, y en menor medida, vacuna), siendo crianceros con un perfil campesino que poseen los mayores indicadores de pobreza estructural de toda la provincia. En respuesta a este escenario social y productivo, el Estado nacional y provincial ha ejecutado programas de promoción, buscando generar diversificación productiva y actividades complementarias a la ganadería extensiva (Comerci, 2011). En este marco se convocó a técnicos territoriales para buscar producciones alternativas e innovadoras en la localidad-

En el año 2001 se dictó la primera capacitación en iniciación en la apicultura en la cercana localidad de Santa Isabel (ver figura Nº 1). Uno de los grupos que se formó fue “La Reina de la Atuel”, con tres integrantes de Algarrobo del Águila. Como relata el entonces coordinador del PSA “Había mucho interés en la actividad. Primero se hizo una capacitación, porque había mucho interés. (…) Y después de ahí, hicimos un curso durante tres meses con todos los pasos: desde conocer la abeja hasta cosechar la miel, todo el proceso, todo el manejo" (Coordinador del PSA, J. Bagatto, entrevista realizada en 2018).

En 2002 se dio un segundo curso, con la participación de veintitrés personas, y la consiguiente formación posterior del grupo “El Algarrobo”, con participantes de Algarrobo del Águila y Santa Isabel. Finalmente, en el año 2003, 33 personas comenzaron el curso de iniciación apícola, dictado en esta oportunidad en Algarrobo del Águila, conformando unos diez de ellos, el grupo autodenominado “El Algarrobo 2”.

Como relata uno de los productores fundadores el inicio de la actividad, provino de los cursos de capacitación que realizó Nación:

Todo comenzó con una capacitación en Santa Isabel que dio don Julio B., con gente de Nación, para que se formaran en apicultura. Comenzamos tres personas en 2001. Nos entregaron colmenas para iniciar la actividad a través del programa REDES. Los apicultores, todos trabajábamos en el pueblo, en distintas actividades, gomería, municipio, etc… menos uno que tenía campo (Socio fundador de la Cooperativa Apícola La Ilusión, entrevista realizada en 2016).

Nosotros ya teníamos la Asociación de productores del PSA desde 1999 que era más que nada para comprar pasturas para el ganado. Pero después surgió la idea de desarrollar la apicultura como actividad complementaria y ahí se sumó gente del pueblo. La cooperativa, (ex asociación) funciona desde 2003 con toda la reglamentación vigente y aprobación de balances (Socia fundadora de la Cooperativa Apícola La Ilusión, entrevista realizada en 2016).

A finales de 2003, los tres grupos de apicultores en Algarrobo del Águila (Algarrobo I, Algarrobo II y La Reina del Atuel) se integraron en un solo emprendimiento: Cooperativa Apícola La Ilusión, con la marca de miel registrada como “Reina del Atuel”, una sala de extracción y apiario común que cada socio administraba de manera individual.

La actividad apícola, junto con la nueva forma de trabajo asociativa/cooperativa resultaron novedosas en el contexto local. Además de los microcréditos entregados en esos primeros años, estuvieron favorecidos por la floración del monto nativo ante las altas precipitaciones (que suelen ser cíclicas en este espacio de borde) y el valor de la miel en el mercado internacional. De acuerdo con el testimonio de un técnico territorial, la “estrategia” de intervención al principio funcionó:

Empezamos con la estrategia de darles dos colmenas a cada productor y ver qué pasaba durante el año si las acompañaban o no. Y se entusiasmaron porque era algo nuevo, ese año pintó lindo, llovió bastante, el precio era bueno (…). Como como estaban muy entusiasmados y quieran seguir creciendo, le dimos el crédito, con el cual se entregaron 20 colmenas a cada familia, que serían unas 120 colmenas en todo el grupo (Coordinador del PSA, J. Bagatto, entrevista realizada en 2018).

En forma paralela, el cambio en la gestión del municipio con Pablo Bravo (2003-2007), un docente promotor del asociativismo, favoreció a la actividad propuesta desde Nación. Ese factor político y personal fue mencionado por todos los entrevistados.

Este momento coincidió con un cambio de gobierno, entró en el municipio Pablo B., un muchacho que es maestro, con muchas inquietudes, él es asistente social además de maestro por lo que maneja muy bien la parte social. A él le interesaba mucho sobre todo el asociativismo e incorporar otras actividades que no sean las convencionales (Coordinador del PSA, J. Bagatto, entrevista realizada en 2018).

En palabras del entonces intendente “tuve que moverme para conseguir fondos porque éramos una alianza”, no provenía del partido justicialista y pretendía generar nuevas prácticas de trabajo en el pueblo:

Cuando fui intendente tuve que salir a buscar recursos fuera de la provincia porque no formaba parte del PJ (con la promoción de la apicultura, por ejemplo). Fomentamos el asociativismo y el trabajo colectivo. Lo de la apicultura fue una estrategia más, pero la provincia no apoyó, y además la miel es oscura, con sabor amargo, es una miel salvaje. (P. Bravo, maestro, productor y ex intendente, entrevista realizada en 2016).

A partir del diálogo con el presidente de la Comisión de Fomento de Algarrobo del Águila, se avaló la elaboración de un proyecto a ser presentado al Programa REDES 13 (Programa Regional de Emprendimientos Sociales), consistente en la financiación para la puesta en marcha de una sala de extracción de miel, la compra de maquinarias y la adquisición de material vivo e inerte (colmenas y núcleos). También puso a disposición de los grupos apícolas un galpón que reunía algunos de los requisitos exigibles para la instalación de la sala de extracción de miel que anteriormente había sido usado para la elaboración de conservas de tomate (figura Nº 3). La construcción de la sala de extracción en 2005 permitió comercializar la producción de miel y brindar a la vez el servicio a terceros. Hasta entonces, la extracción de miel se realizaba en una sala en Santa Isabel, lo cual elevaba los costos de toda la operación, al mismo tiempo que los apicultores tenían poco control sobre la transparencia de los volúmenes extraídos

Sala de extracción de miel de Algarrobo del Águila
FIGURA Nº 3.
Sala de extracción de miel de Algarrobo del Águila
Fuente: Fotografía capturada por los autores en 2016.

Además de apoyo económico y técnico se dictaron capacitaciones socio-organizativas a través del programa Capacitaciones Sectoriales del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. De acuerdo con el coordinador del PSA ese aporte de la operadora comunitaria fue muy valioso para los asociados:

Ahí tuvimos suerte de que teníamos una chica contratada por el programa que era una promotora comunitaria que trabajaba en Desarrollo Social de Nación. Ella fue la que los condujo, tenía mucha experiencia en trabajos grupales Carina R., hizo un muy buen trabajo en la parte social, gracias a ella se logró porque si no es muy difícil, porque el apicultor que era el técnico apícola en la parte productiva, no tenía las herramientas como para conducir al grupo y esta mujer medio que los condujo y los ayudo muchísimo. (Coordinador del PSA, J. Bagatto, entrevista realizada en 2018).

A pesar de contar con esa asistencia en las “prácticas comunitarias” fueron recurrentes las conversaciones y charlas sobre la importancia de cumplir compromisos y la falta de responsabilidad de algunos participantes. En el informe del PSA-PROINDER se menciona:

Luego de la inauguración, el grupo se dedicó durante varios meses a intentar vender su primera producción mientras que las dificultades en la dinámica grupal continuaron. Un integrante dejó el grupo por mudarse de localidad, mientras se repetían situaciones de incumplimientos de los acuerdos realizados. Aquellos que se sentían afectados y disgustados por ello hacían manifestaciones solapadas de su malestar y cansancio ante la falta de respeto de otros integrantes (Rodríguez Billela, 2006, p. 45, las negritas son nuestras).

En el año 2007 se obtuvo la certificación para comercializar por medio de la Cooperativa La Ilusión. Ese año contaban con 350 colmenas entre veinte socios, en conjunto, además de la sala de extracción y depósito habilitados. Para los entrevistados ese fue “el mejor momento, llegamos a tener veinte socios, pero muchos lo hacían como hobby, esos fueron abandonando con el paso de los años” (Socia productora, entrevista realizada en 2016).

De acuerdo con los testimonios recogidos, los veinte socios sumaban en conjunto 350 colmenas. Dos poseían 50, unos siete tenían 30, mientras que los restantes –once socios- poseían entre dos y tres colmenas, que en conjunto sumaban cuarenta. Es decir, predominaban, siguiendo la tipología de Posada (2018), los productores/as por hobby, con menos de 16 colmenas y los restantes eran microproductores/as, con entre 16 y 50 colmenas. Todos ellos, menos uno que vivía en el campo, tenían residencia urbana y no dependían de la actividad, sino de otros ingresos. De modo que la apicultura significó una práctica más de diversificación para la obtención de ingresos y /o como estrategia recreativa.

La miel se registró bajo la marca “Reina del Atuel”. En un blog de la localidad el grupo relataba que “apuntamos a un mercado que valore las mieles de calidad, ya que la nuestra es producida en monte natural y en costa de río, donde no existen pesticidas ni herbicidas y con todas las normas de sanidad desde el campo, pasando por la extracción y el fraccionado. Es además envasada en frascos de vidrio que conservan calidad y pureza inalterables”.

A pesar de diferentes problemas organizativos y el inicio de un ciclo sequía en 2008, lograron iniciar la extracción de miel en sus instalaciones con ventas minoristas en ferias y la comercialización a granel de la producción con acopiadores extra-regionales, obteniendo escasos márgenes de ganancia. Ante la escasa rentabilidad obtenida, el grupo inició un nuevo proyecto en 2008, mediante la Secretaría de Agricultura Familiar (ex PSA), para conseguir fondos destinados a la compra de nuevo equipamiento de extracción y fraccionamiento que permitiera desarrollar valor agrado a la producción local. El arribo del nuevo equipamiento tres años después (en 2011), en coincidencia con una merma en la producción obtenida y la disgregación del grupo, determinaron el desuso de las nuevas instalaciones.

En forma paralela, partir de 2010, la asistencia brindada por la Secretaría de Agricultura Familiar comenzó a decaer de manera sostenida por la falta de recursos económicos y la necesidad de “organizarse por sus propios medios”. Sin embargo, este último proceso no ocurrió. A continuación se abordan las miradas y discursos que explican, desde la perspectiva de los sujetos involucrados, los elementos que obstaculizaron la experiencia asociativa apícola y luego se reflexiona sobre el caso de estudio triangulando los datos.

Miradas y voces en torno a las dificultades de la experiencia asociativa

El conocimiento social no puede ser pensado como la sumatoria de los conocimientos acumulados (Saltalamachia, 1997) sino que encuentra atravesado por imágenes, representaciones, preconcepciones, ideología y política. En el discurso dominante, construido desde el sentido común y presente tanto, en productores/socios, como en los funcionarios municipales, cuando se les consultaba sobre el desarrollo de la asociación/ cooperativa apícola de Algarrobo y las dificultades planteadas, aparecía una respuesta común: “el problema fue la sequía”. Sin floración del monte nativo no hay miel. Eso explica el fracaso del proyecto para la mayoría de los algarrobenses. De esta manera, el discurso naturalizaba y atribuía a un factor externo y no controlable en términos sociales, el abandono parcial de la actividad apícola. Sin embargo, indagando más allá de esas primeras respuestas, aparecían otras representaciones.

Desde la perspectiva del Estado Nacional la estrategia de intervención en la región se fue ajustando y precisando con el tiempo pues existieron elementos “obstaculizadores”, tales como el bajo precio de la miel al momento de comenzar a comercializar su producción, así como nuevas regulaciones sanitarias post crisis de los nitrofuranos, que provocaron retrasos en el desempeño del proyecto. Asimismo, la “ausencia de sistematicidad en la toma de registros” se presentó como limitante para el desarrollo productivo del emprendimiento. De acuerdo con el informe del programa apícola:

Hasta la fecha, el trabajo en la sala de extracción no ha permitido un beneficio económico para los participantes en la experiencia, quienes están apenas teniendo ingresos para devolver el crédito recibido. Confían que más adelante, y solidificados como empresa, la realidad será distinta (Rodríguez Billela, 2006, p. 23).

Un problema identificado por el coordinador regional del PSA fue la limitación de hacer y habilitar la sala de extracción exclusivamente para procesar la miel:

el error que cometieron de entrada que yo les dije, es que hicieron una cooperativa apícola exclusivamente, en lugar de hacer una de servicios o de trabajo que podrían hacer otras actividades, pero al ser apícola ellos estaban encajonados únicamente en esa actividad si no hacen apicultura no puede hacer otra cosa (Coordinador del PSA, J. Bagatto, entrevista realizada en 2018).

Otras dificultades planteadas desde la mirada técnica se asociaban con el “modo de ser” de los pobladores del oeste con una “pasividad” constante:

Esta gente tiene buenas ideas pero hay que estar siempre hinchando porque solos no van, por más que de los 30 quedaron 10, pero si no estás encima no hay caso… Es una característica de todo el oeste, llevo muchos años con esto... Yo no sé… si es el mismo clima, sus ancestros o que ya son así… que no se preocupan. Pasa en todas las actividades. (Coordinador del PSA, entrevista realizada en 2018).

Desde el discurso de los productores/socios, además de la sequía, los principales obstáculos que tuvieron que enfrentar fueron los canales de comercialización, los controles sanitarios, la competencia de colmenares y la falta de una fraccionadora que diera valor agregado al producto.

En el boom de la producción tenían que pagar para dejar las colmenas en los campos cercanos a Algarrobo, porque había abejas en todos los campos de apicultores de otras provincias. Se enfrentaban entre colmenares y había pillaje. Después vino la sequía y se paró todo (Socio fundador, entrevista realizada en 2016).

Desde 2009 tuvimos dificultades con su actividad por la sequía de la zona, que desde entonces hemos tenido una importante pérdida de colmenas, inactividad en la producción y caída de los servicios prestados por la cooperativa (Socio fundador, entrevista realizada en 2016).

Teníamos dificultades en la comercialización y queríamos fraccionar de manera certificada para poder vender formalmente pero todo llevó tiempo. Hoy está en equipamiento pero no hay miel por la gran sequía que tuvo la zona. (Socio fundador, entrevista realizada en 2016).

De acuerdo con el intendente actual la principal causa del abandono de la actividad fue y es la “sequía”:

La apicultura está muy parada en la zona por el tema de la gran sequía que hubo. Ahora han mejorado las pasturas pero no hay cosecha de miel. Los campos están al límite de carga ganadera (Entrevista a intendente de la localidad, 2016).

A pesar de la existencia de líneas crediticias, talleres y capacitaciones para el desarrollo de la apicultura en La Pampa, ofrecidos por el Estado provincial y enmarcados en el Plan de Activación Apícola Provincial 2016-2020, los socios no han accedido a estos recursos. Por el contrario, desde el Municipio, se proponía reestructurar el proyecto productivo y realizar un nuevo emprendimiento con un “tambo lechero caprino”.

Estamos por abrir un tambo lechero a través de una asociación del municipio, prestan las instalaciones a cuatro productores. Estamos trabajando con el INTA, la Secretaria de Agricultura Familiar y la Secretaría de Asuntos Agrarios. El proyecto viene diseñado de arriba (Nación) pero reconoce que en la zona hay pocos caprineros por lo que tendrá problemas para obtener la materia prima. Tenemos la idea de desarrollar un circuito turístico con la producción artesanal de la zona, los quesos, la miel, la carne y el tejido. Venderíamos los productos en la estación de servicio que estamos construyendo el municipio en la entrada al pueblo. Esto sería interesante si se concreta lo del Paso Internacional Pehuenche (Entrevista al Intendente actual, O. Gatica, entrevista realizada en 2016).

Cabe aclarar que este último proyecto no avanzó pues la experiencia del tambo caprino ya se desarrolló en la localidad cercana de Puelches en el año 2007 y actualmente presenta dificultades para sostenerse. Sin embargo, prosperó la idea de procesar y fraccionar alimentos en las instalaciones de la sala de extracción apícola. Actualmente (2019) sólo tres apicultores conservan las colmenas activas cuya cosecha la realizan manualmente por el escaso volumen producido.

Los socios están buscando fraccionar dulces en la sala de extracción y aprovechar las instalaciones para hacer una fábrica de conservas. Como la zona tiene limitaciones agroecológicas –por la ausencia del caudal regular del Río Atuel- para la producción de frutas, la comprarían en los regadíos de General Alvear (Mendoza).

En el año 2019, con el objetivo de reestructurar la actividad, se conformó un nuevo grupo – ahora promovido desde el INTA- el Grupo de Abastecimiento Local (GAL) denominado “La Ilusión”, e integrado por (ex)apicultores cooperativistas de Algarrobo del Águila. De acuerdo con su discurso:

Debido al contexto descripto y al hecho de que la actividad apícola es estacional y altamente dependiente del clima, los productores de “La Ilusión” decidieron volcarse a nuevos productos. El objetivo es aprovechar las instalaciones y la experiencia lograda en torno a la actividad apícola y los conocimientos organizativos. Asimismo se pretende aumentar las capacidades de producción de alimentos frescos, sanos e inocuos, desarrollando circuitos locales de comercialización, y poniendo así a disposición de la sociedad local alimentos a precios accesibles (Folleto INTA, 2019).

En este marco se están elaborando conservas artesanales y dulces con fruta y verdura comprada en Mendoza. A raíz de este nuevo proyecto desarrollaron recientemente un taller sobre elaboración de conservas de tomates y dulce de membrillo, que fue coordinado por técnicas de la Agencia INTA Victorica. Por otra parte, los integrantes de “La Ilusión”, acompañados por la Agencia, se encuentran gestionando el desarrollo comercial del producto con la finalidad de lograr colocarlos en bocas de expendio locales y venderlas en el marco del programa “precios cuidados pampeanos”.

Consideraciones finales

El complejo apícola genera divisas al país, contribuye al empleo rural debido a la facilidad técnica y al desarrollo local, en especial de pequeñas localidades del interior a través de su aporte al ingreso familiar y por los efectos multiplicadores ante la demanda indirecta de insumos y servicios que genera el rubro. Asimismo, la apicultura aporta a la polinización de cultivos que incrementan notablemente su productividad y otros servicios ambientales (Castillo, 2016).

El Estado nacional, haciendo eco del neoinstitucionalismo (Lattuada, 2006), fomentó en el caso de estudio la importancia de las instituciones y las organizaciones que derivaron en la formación de la asociación apícola, luego devenida en cooperativa. La organización apícola estudiada se enmarcó claramente en una asociación no reinvindicativa que sólo reclamó al Estado por cuestiones de índole económica y técnica.

Lejos de interpretaciones deterministas, presentes en el discurso de autoridades locales y de los socios, que atribuyen la escasa producción de miel a la sequía, la investigación da cuenta que la experiencia ha sido condicionada por la caída de los precios internacionales de las mieles, el establecimiento de nuevos controles sanitarios, la escasa escala productiva con unidades económicas muy pequeñas y el perfil predominante de apicultores hobbistas y microproductores, en conjunción con un ciclo de sequía que redujo de manera drástica la oferta de flores nativas.

Cruzando las miradas y voces, el trabajo realizado indica que una conjunción de factores generó dificultades, que devinieron en un declive de la actividad apícola en Algarrobo del Águila. Por un lado, la caída de los precios internacionales de las mieles por la crisis de los nitrofuratos, fue acompañada por un gradual deceso de la producción de mieles y de productores, tanto en Argentina como en La Pampa, como lo expresan los datos estadísticos. En pleno proceso expansivo apícola se promovió la actividad desde el Estado, pero luego el contexto mundial y nacional cambió y ese proceso condicionó a la actividad. Además, no se contempló que en espacio de borde ocurren ciclos de humedad y de sequía y cuando se promovió la actividad se encontraba en un ciclo húmedo, con importante floración del monte nativo y luego devino un ciclo de sequía con una drástica reducción de la oferta florística.

Asimismo, el perfil mayoritario de los productores/socios conformados con las políticas públicas fueron los hobbistas que accedieron a las colmenas por la entrega que les hizo el Estado y cuando se presentaron dificultares productivas y/u organizaciones, abandonaron la actividad. Los restantes, unos nueve socios/as, apenas tenían entre 30 y 50 colmenas, es decir eran “microproductores/as, con residencia urbana y que no dependían de la apicultura, sino de otros ingresos. De modo que la apicultura significó una práctica más de diversificación para la obtención de ingresos o bien algo novedoso que permitió la recreación. Las prácticas de trashumancia por parte de los productores, hubieran permitido complementar el alimento en épocas de sequía y mejorar el manejo de los apiarios. Sin embargo, el perfil artesanal, de hobby o de microproductores, de los apicultores asociados hizo que fueran imposibles de realizar.

Otros factores que contribuyeron a la depresión de la actividad fueron problemas organizativos y en las tomas de decisiones, esto actuó como generador de conflictos a la hora establecer objetivos futuros y líneas de acción. Cuando el Estado se retiró, como en otras experiencias en el oeste pampeano, faltó apropiación del emprendimiento por parte de los productores y se esperó que “el cambio” viniera “de afuera” (ya sea desde “el clima”, “el Estado” o “los precios”). Consideramos que el acostumbramiento a la provisión de asistencia y recursos económicos desde el Estado está asociado a una práctica gubernamental asistencialista histórica en la región que actuó como una barrera para el logro del desarrollo autónomo en las estrategias productivas y organizativas.

Si bien los productores tuvieron capacitaciones organizativas no se previó la conformación de canales de comercialización de las mieles. Esta problemática estructural del oeste pampeano dificultó la generación de excedentes para reinvertirlos en la producción. Los apicultores asociados se organizaron para la realización de la sala de extracción y fraccionamiento con acompañamiento del Estado Nacional, pero la rigidez en la definición del perfil –exclusivo para mieles- y el retraso en la entrega de las maquinarias produjo que prácticamente no se utilicen los nuevos equipos. Como dijo un productor en 2016: “esto es una picardía, tenemos la deseada fraccionadora pero ahora no hay miel cosechada”. En la actualidad y ante las demandas de los socios, se autorizó el fraccionamiento de conservas de frutas y verduras–además de mieles- y nuevos proyectos asociativos buscan aprovechar las instalaciones.

Otros factores que contribuyeron a la disminución de la actividad fueron problemas organizativos y en las tomas de decisiones dentro de los asociados, que produjo conflictos y tensiones. Debe recordar que ésta fue una de las primeras experiencias asociativas de trabajo conjunto en Algarrobo. La recurrencia de programas de desarrollo planificados por el Estado ha provocado un acostumbramiento a la provisión de recursos y una actitud pasiva por parte de la población destinataria. Con la finalización de los programas de asistencia se observó la falta de apropiación del emprendimiento y empoderamiento por parte de los socios.

En el presente, nuevos proyectos de intervención pública con impacto territorial, reemplazan a los anteriores y van dejando huellas –materiales y simbólicas- en la trayectoria de la localidad. La estrategia asociativa y los aprendizajes de la experiencia de la apicultura generaron algunos caminos y aprendizajes en las actividades productivas y organizativas de la localidad.

Agradecimientos

Queremos agradecer a los revisores que dictaminaron este artículo por sus valiosos comentarios y sugerencias, que permitieron mejorar la versión inicial de este trabajo.

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