EL ÁREA DEMOSTRATIVA DE SAN RAMÓN Y SU INFLUENCIA EN LA TRANSICIÓN A LA AVICULTURA INDUSTRIAL URUGUAYA

Artículos

EL ÁREA DEMOSTRATIVA DE SAN RAMÓN Y SU INFLUENCIA EN LA TRANSICIÓN A LA AVICULTURA INDUSTRIAL URUGUAYA

THE SAN RAMÓN DEMONSTRATIONAL AREA AND ITS INFLUENCE ON THE TRANSITION TO INDUSTRIALIZED POULTRY FARMING IN URUGUAY

Roberto OliveroTroise
Departamento de Producción Animal y Pasturas, Facultad de Agronomía, Universidad de la República, Uruguay

Estudios Rurales. Publicación del Centro de Estudios de la Argentina Rural

Universidad Nacional de Quilmes, Argentina

ISSN: 2250-4001

Periodicidad: Semestral

vol. 10, núm. 20, 2020

estudiosrurales@unq.edu.ar

Recepción: 11 Junio 2020

Aprobación: 11 Agosto 2020



Resumen: El artículo estudia la influencia que tuvo el Área Demostrativa de San Ramón (adsr) establecida por acción del Instituto Interamericano de Ciencias Agrícolas (IICA) y el gobierno uruguayo, en el desarrollo de la avicultura nacional. Se analiza la situación de la avicultura en los años 50 y 60 y el proceso de gestación del adsr, sus resultados, causas de finalización y principales aportes. Se concluye que la misma fue determinante en la transición de la avicultura chacarera a la avicultura industrial, aunque no fue la causa única.

Palabras clave: Avicultura, Área San Ramón, IICA.

Abstract: The article deals with the influence that the San Ramón Demonstrational Area (Área Demostrativa de San Ramón, adsr), as settled by then Inter-American Institute of Agricultural Sciences (IICA) in conjunct action with the uruguayan government, had on the development of national poultry farming. The situation of poultry farming in the 1950s and 1960s is analized, as well as the process of inception of the adsr, its results, the causes for its termination, and its main contributions. The study concludes the adsr was substantial in the transition from small-scale to industrial poultry farming, even though it was not the only driver towards it.

Keywords: Poultry, San Ramón Area, IICA.

Introducción

La avicultura uruguaya constituye un complejo agroindustrial, incluyendo producción de carne de ave y huevos. Ya en tiempos coloniales hay referencias de presencia de gallinas y otras aves de corral. En el siglo XIX comenzaron las exposiciones de aves y se mantenía una avicultura precaria que, con algunos cambios poco relevantes, continuó hasta mediados del siglo XX, donde se inició el proceso de transición de la avicultura chacarera a la industrial. La avicultura uruguaya se propone continuar mejorando su competitividad, sanidad e inocuidad, proceso en curso que permitirá mejorar la cadena avícola y acceder a nuevos mercados de exportación (Gorga, 2019, p.75-88).

A nivel mundial, el origen y desarrollo de la avicultura fue reflejo de los avances de la ciencia y tecnología de los principales países productores, especialmente Estados Unidos. Allí, la producción de pollos tuvo una expansión casi inédita dentro de las industrias agropecuarias, en lapso de pocos años, con avances en nutrición, genética, sanidad y métodos de crianza. Los mismos no pasaron desapercibidos por los técnicos y productores de punta tanto en Argentina como en Uruguay, y permitieron transcurrir desde la cría de aves sueltas a la industria avícola. Las consecuencias del citado avance incidieron sobre la avicultura de fines de los 50 y primera mitad de los 60, y conducirían a un nuevo tipo de producción, llegándose así a la etapa industrial, cuya fecha se estima en los últimos años de la década del 60.

A principio de los 50, la cría con aves libres era una situación habitual en el Uruguay. Un avicultor referente, Enrique Bretchsneider, decía que el confinamiento absoluto “de tipo norteamericano” no se había impuesto aún, existía un confinamiento parcial, estimando que aún no era posible el confinamiento total, tanto por costo de las instalaciones como por carencia de raciones adecuadas (Bretchsneider, 1953, p.197). Un informe de FAO (Phillips, 1956, p.148-149) citaba que probablemente más del 75% del total de aves y huevos producidos en el país provenía de granjas en las que la avicultura era una actividad secundaria, manteniéndose las aves en libertad, en bandadas de 50 a 200. Estas vivían dispersas alrededor de los galpones y se alimentaban casi exclusivamente con granos sueltos u otros alimentos del campo, administrándose ocasionalmente raciones suplementarias. El informe refería a la existencia de un servicio oficial del Estado (era el Servicio de Avicultura de Toledo), tres organizaciones avícolas principales, y cooperativas que no habían logrado éxito. En los 50, el entonces Instituto Interamericano de Ciencias Agrícolas (IICA), fue administrador del Proyecto 39 del Programa de Cooperación Técnica de la Organización de Estados Americanos (OEA), Enseñanza Técnica para el Mejoramiento de la Agricultura y la Vida Rural. En ese marco se estableció en el Uruguay el Área Demostrativa de San Ramón (adsr).

En la reunión sectorial de la industria avícola de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC), en 1967, las delegaciones empresariales de los países presentaron datos estadísticos, que para los países de la región pueden observarse en la tabla 1.

Tabla 1 Estadísticas aviares de países de la región
Número de pollos (millones) Número de ponedoras industriales (millones) Consumo carne de ave (kg/habitante/año) Consumo de huevos anuales (unidades)
Brasil 210 28 2,7 72
Argentina 60 5 3,1 100
Chile 18 8 2,5 202,8
Uruguay 1,7 2,6 2 100
Elaboración propia, en base a Comisión Coordinadora para el Desarrollo Económico (1968)

Un informe realizado por el Comité de Recuperación de la Industria Avícola, estimaba para mediados de 1967 la dotación de los criaderos llamados “industriales” en 2 millones de ponedoras y 1.600.000 pollos. Se estimaba además, un millón de gallinas de explotaciones rurales (COMCORDE, 1968, p.5-56).

Existe un vacío respecto a los antecedentes históricos de la avicultura uruguaya. Si bien hay información censal y documentos varios, son escasas las publicaciones y las referencias sobre las etapas que atravesó, y no se ha reportado como sucedió el cambio de avicultura doméstica y chacarera a la avicultura industrial.

Hipótesis

Se establecen dos hipótesis: 1) El adsr fue una etapa fundamental en el despegue de la avicultura nacional. 2) El período del adsr constituyó por sí solo una etapa de transición que dejó tras de sí la avicultura chacarera, y tuvo por delante a la avicultura industrial, constituyendo por tanto una de las tres etapas de la historia de la avicultura uruguaya.

Metodología

Se realizó una revisión bibliográfica, implicando consulta de publicaciones escritas (libros y revistas), e Internet. Se realizaron entrevistas a referentes en el inicio de las actividades del adsr (dos técnicos y un productor) y a dos técnicos actuales, uno de ellos testigo de los acontecimientos. Se consultó prensa del repositorio de la excátedra de Avicultura de Facultad de Agronomía.

Objetivo

En este trabajo se analiza la etapa del adsr (inicios de los 50 a inicios de los 60) y sus posibles aportes a la avicultura nacional, determinando el lugar de la misma en la periodización de la avicultura uruguaya.

Desarrollo

Área Demostrativa de San Ramón

Antecedentes y creación

El marco internacional que llevó al adsr

La OEA incluye los llamados “organismos especializados”, con funciones en materias técnicas de interés común para los estados, siendo uno de ellos IICA. IICA pasó por distintas etapas: establecimiento (1942-1945); consolidación (1946-1949); descentralización (1950-1959); nueva dimensión (1960-1969), a las que seguirían otras. En la descentralización se impulsaron tres actividades: Servicio de Intercambio Científico (1950); Proyecto 39 (Enseñanza Técnica para el Mejoramiento de la Agricultura y la Vida Rural) (1951) y Contrato de Servicios con la Administración de Cooperación Internacional (1955) (Elgueta, 1962, p.9-10; IICA, 2002, p.14). Para su ejecución, el Proyecto 39 consideraba tres zonas de América: Zona Norte, Zona Andina y Zona Sur. Para la Zona Sur (sede en Montevideo), IICA operó con un programa regional de capacitación de extensionistas agrícolas de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, y al mismo tiempo funcionó como área de demostración de las bondades de un programa de extensión en un territorio definido. Las áreas demostrativas constituyeron zonas agrícolas pequeñas (se les calificó como laboratorios de campo), en donde la extensión fue un tema fundamental. En ellas los técnicos desarrollaban sus conocimientos en programas activos y conjuntamente eran una base para la enseñanza. La extensión se desarrolló de manera interdisciplinaria, apelando a investigaciones de los problemas de la vida rural y no solamente a los de la producción agropecuaria (IICA, 2002, p. 28-29). Por tanto debe quedar claro que el adsr correspondió a un programa cuyo objetivo fundamental fue la extensión agrícola. Las áreas demostrativas constituían una forma práctica de evidenciar las ventajas de la misma, estudiando los problemas de producción de los agricultores y los procesos y cambios sociales y económicos de la comunidad rural (Arnaboldi y Triay, 1955, p.24).

Los comienzos formales y los apoyos políticos

IICA afirmaba que el 23 de enero de 1952 fue la fecha de su instalación oficial en Uruguay, al establecerse el centro administrativo de la Zona Sur, con funcionamiento regulado por el acuerdo entre el IICA y el Ministerio de Ganadería y Agricultura (MGA). La sede fue Montevideo, e IICA resaltaba la colaboración de las autoridades nacionales: MGA y ministerio de Relaciones Exteriores (Elgueta, 1962, p.6). Uruguay fue sede de la primera oficina del IICA, aparte de la de Costa Rica. Se creó por parte del MGA una comisión coordinadora, el MGA aportó locales para oficinas y servicios así como personal. Se coordinaron trabajos con distintas instituciones nacionales (IICA, 1993, p.25).

Objetivos del Proyecto 39 y su implementación en Uruguay

El Proyecto 39

Los objetivos del Proyecto 39 eran mejorar el grado de competencia del personal técnico, fortalecer las instituciones nacionales, crear conciencia de la importancia del adiestramiento especializado, que el mismo se hiciera en las instituciones nacionales, y resaltar los papeles de la investigación, demostración educativa y adiestramiento técnico. Estos objetivos se lograrían con cursos nacionales e internacionales, adiestramiento en servicio en las llamadas “áreas demostrativas”, adiestramiento de posgraduados y consultas y asesoramiento por técnicos (IICA, 1958a, p.1-2). El director regional de la Zona Sur, Manuel Elgueta, refería a varios objetivos, como dar enseñanza a profesionales mediante cursos intensivos y programas de adiestramiento en servicio. A la vez se trató de seleccionar algunos temas de mayor importancia para los programas de desarrollo agrícola de los países, y de desarrollar un programa que aprovechara la institucionalidad, y si ésta no existiera, se crearían las facilidades para dar adiestramiento adecuado. Se procuraba que el adiestramiento comprendiera problemas y situaciones reales de los países. Finalmente, se trató de no dar asistencia técnica a los gobiernos sino esperar a que se formaran grupos nacionales de profesionales con preparación en los temas que comprendía el programa. Con los seminarios y reuniones técnicas, se estudiarían problemas nacionales que llevaran a formular programas (Elgueta, 1962, p.10-15). Los cambios debían comenzar por el vértice de la pirámide, es decir, por los profesionales, y debían involucrar a las instituciones, existentes o a crear. La herramienta a utilizar eran los cursos cortos y el adiestramiento en servicio, y la materia a priorizar, la extensión agrícola, que involucraba los métodos para transmitir al productor las técnicas modernas de explotación. Se entendía que enseñar “Economía del Hogar” era un complemento lógico a la extensión, y que “Información Agrícola” era también fundamental. Además, economía agrícola y las disciplinas que este campo contenía, como administración rural, debían ser encaradas (Elgueta, 1962, p.12-13).

Áreas prioritarias. Las razones de la avicultura

Se seleccionó la producción de maíz y la avicultura como actividades prioritarias. Se entendió que la avicultura permitiría absorber mano de obra, generar entradas semanales de dinero, y aprovechar el estiércol de las aves para mejora de los suelos (Pascale, 1976, p.48). Una figura fundamental en el proceso del área, fue el ingeniero agrónomo Ignacio Ansorena, quien dirigió el adsr. Ansorena citaba otras razones: el interés de los propios productores por el mejoramiento de la avicultura y el atraso en que se encontraba esta producción. No existían razas definidas; había falta de control de edad y sanidad de las aves y cría en libertad, y cada gallina no ponía más de 80 huevos anuales (Ansorena, 1958, p.61). Aunque la avicultura era una actividad generalizada en las chacras, con un promedio de 400 aves, se producía huevo de campo de calidad mala, las gallinas encluecaban y había mortalidad por enfermedades como pullorosis, tifosis y coccidiosis. Agregaba que se podía aprovechar el trabajo de la mujer como recolectora y envasadora de huevos, y se podía intensificar el trabajo de los chacareros y distribuirlo en el año.[1] De esta manera quedaron identificadas las razones que llevaron a que la actividad prioritaria del adsr fuera la avicultura.

Otros rubros que se abordaron fueron la lechería y la cría de cerdos, aunque ésta no logró despegar. El ingeniero agrónomo Carlos Rucks, quien trabajó en el área, opinaba que faltó un productor líder como lo tuvo la avicultura. Hubo también cultivos de tomate y maíz, entre otros, con mejora en la producción con las recomendaciones de los técnicos.[2]

Estructura y recursos disponibles

Localización y dimensiones

Se estableció el centro del área demostrativa en una localidad del departamento de Canelones que fue San Ramón (11ª. y 12ª. Sección Judicial de dicho departamento), abarcando también la 2ª. Sección Judicial urbana del vecino departamento de Florida. El adsr incluía predios con suelos con alto grado de erosión en los que se cultivaba principalmente maíz y trigo (Ansorena, 1958, p.58).

Comprendía una superficie de 62.363 hectáreas con alto porcentaje de cultivos hortícolas y frutícolas, pero los mayores valores porcentuales de la producción correspondían en 1959 a lechería y avicultura (Amaral, 1967, p.16). Su área de influencia abarcaba también las localidades de Tala, San Jacinto y San Bautista, todas en Canelones.

Se valoraba de San Ramón su cercanía a Montevideo (80 km) y la buena red de carreteras, así como la gran concentración humana, con 1.800 familias de cinco miembros (Ansorena, 1958, p.58). Rucks, quien ingresó al adsr siendo estudiante y actuó como becario en extensión, citó la localización: “En Florida comprendía Chamizo, Fray Marcos y La Escobilla. En Canelones, 11 de San Ramón, 12 de San Bautista (secciones judiciales), y por ampliación, a Tala. En la 11 estaba la parte lechera, el eje ruta 6 era hortícola con maíz”.[3] En la figura 1 se observa un mapa de Canelones apreciándose las rutas 6 y 7 y las localidades de San Ramón (en límite con Florida); Castellanos; San Antonio; Santa Rosa y San Bautista (eje ruta 6); Tala y San Jacinto (eje ruta 7), citadas en el texto.

Figura 1
Departamento de Canelones
Figura 1 Departamento de Canelones
Pedro Martín. Atlas del Uruguay. Barreiro y Ramos. S/f.

Las instituciones participantes y los actores personales

En primer lugar, debe citarse al IICA. El acuerdo firmado con el gobierno uruguayo tuvo como representante al director de la Zona Sur, ingeniero agrónomo Manuel Elgueta, de nacionalidad chilena. La dirección regional varió en el período considerado, correspondiendo a Elgueta (1952-1954); luego al doctor José Marull (1955-1956) y nuevamente a Elgueta (1957-1962), (IICA, 2002, p.66). En extensión participó en un principio el doctor Harry Ramsower, extensionista norteamericano, acompañándolo por el MGA el ingeniero agrónomo Santiago Antuña, quien fue agrónomo regional del MGA y había recibido entrenamiento en extensión en Estados Unidos.[4] Los trabajos en economía agrícola correspondían a Marull, chileno, economista agrícola de la Zona Sur, quien tenía un posgrado en la Universidad de Cornell, en Estados Unidos. Con él trabajó Nelson Amaral, especialista en economía agrícola, técnico adiestrado en IICA, que fue becario de la FAO y tenía estudios en Costa Rica y Estados Unidos, funcionario del MGA. Ya se hizo referencia a la figura de Ansorena. Recibido en 1954, tomó una beca de IICA en la Universidad de Cornell. Enterado de la creación del adsr y la falta de un profesional especializado en extensión para dirigirla, se interesó por el tema. En 1955 se encontraba en pleno desarrollo de sus estudios en Cornell. Fue fundamental en el avance de las actividades de extensión en el adsr a su retorno, cuando tomó el cargo de extensionista asociado del IICA (encargado de adiestramiento), en 1956. Siempre en el marco de su cargo de IICA, fue también docente de Sociología y Extensión Agrícola de la Facultad de Agronomía, materia que se comenzó a dictar al implementarse el Plan 1957, siendo el primer profesor que tuvo la asignatura.[5] Hubo en el adsr becarios de distintas nacionalidades, así como asesores de extensión y asesores para mujeres rurales y juventud rural. Algunos de estos becarios fueron Carlos Rucks y Gustavo Olveyra. Hubo también funcionarios administrativos, como Alba Zaquiere.[6]

En relación al MGA, aparte del apoyo institucional (el ministro Brause fue el representante formal del acuerdo con IICA), deben citarse dependencias. En primer lugar, el Servicio de Avicultura de Toledo, cuyo papel fue la provisión de pollitos. Eran libres de la enfermedad bacterial “pullorosis”, que diezmaba a las aves de los granjeros de Canelones, al igual que coccidiosis. El contacto de Ansorena fue con el jefe del servicio, el ingeniero agrónomo Julio Echevarría, también profesor de Avicultura de la Facultad de Agronomía.[7] El asesoramiento en sanidad fue a través del Laboratorio “Miguel C. Rubino”, cuyo referente principal fue el doctor Hebert Trenchi Domínguez, autoridad en sanidad avícola. También participaron Ramón Álvarez y José Stella, ambos veterinarios (Ansorena, 1958, p.62).

Ansorena citó el apoyo del Servicio Oficial de Distribución de Semillas (SODS), que procesaba semilla y comercializaba mayoritariamente a través del Banco República (quien otorgaba créditos a los productores). Indicó que su papel fue importante, porque proveía la ración para los clubes de niños, en tanto que para los productores venía de fábricas.[8] Otro organismo que apoyó fue el Instituto Nacional de Colonización. Elgueta reconocía la acción de esa institución al recapitular el proceso de diez años del Proyecto 39 (Elgueta, 1962, p.6). Finalmente, cabe citar a las llamadas agronomías regionales, organizadas dentro de la Dirección de Agronomía del MGA. Se distribuían por todo el país y a su cargo estaba la asistencia técnica a nivel local, que compartían con funciones de contralor. Era conocida la figura del “agrónomo regional”. En el caso de San Ramón, Ansorena recordó al respecto el agrónomo regional asignado era de apellido Zaccagnini y que si bien no estaba totalmente integrado al proyecto, cooperó gentilmente.[9] Se trataba de Fulberto Zaccagnini, funcionario de Servicios Agronómicos, San Ramón, Canelones. (Error 1: La referencia: 8 está ligada a un elemento que ya no existe)

El Banco República proporcionaba el dinero para la adquisición de 1.000 pollitos. No obstante el sistema de crédito que su sucursal en San Ramón implementó, difería considerablemente de las fórmulas usuales de crédito rural que el banco tenía por norma. Los créditos se adaptaron a los ciclos productivos, a un fin preciso, y por otra parte se procuró que las amortizaciones estuvieran establecidas para el momento en que el productor recibía el ingreso por la comercialización de pollos y huevos. De esta manera, los préstamos se fraccionaron y las entregas tenían lugar a medida que el productor necesitaba el dinero. Las amortizaciones (comúnmente de tres años), se hicieron escalonadas y en un período total de 17 meses (Amaral, 1960, p.3). Con este régimen los créditos cumplían con su propósito evitando que el productor dispusiera de una cantidad de dinero que aún no estaba en condiciones de invertir: se evitaba así el peligro de darle a ese dinero otro destino, generalmente la adquisición de bienes de consumo (Amaral, 1967, p.4).

La Universidad del Trabajo del Uruguay (UTU) aportó tanto la sede física del adsr (Escuela Industrial de San Ramón), como la colaboración de la Escuela Agraria de San Ramón, dirigida por el ingeniero agrónomo Francisco Mosquera. Mosquera dictó charlas en el marco de las actividades del adsr.[10] Fue también profesor de Avicultura de la Facultad de Agronomía.

El Movimiento de la Juventud Agraria (MJA), fundado en 1945, promovía el desarrollo de los llamados “Clubes Agrarios Juveniles”, financiaba cursos, realizaba exposiciones con los productos obtenidos por los socios de los clubes y desarrollaba un programa de extensión agrícola para la juventud. Propiciaba actividades culturales, cooperativistas, artesanales, recreativas y deportivas (Weiss, 1971, p.134). El MJA reprodujo el sistema de los llamados “clubes 4 H” de Estados Unidos.[11] Los clubes agrarios juveniles fueron una estructura que antecedió al adsr, el proyecto aprovechó la existencia de este tipo de agrupaciones que se integraron al programa de extensión. Ansorena resaltó el papel de los mismos, de las escuelas y de los trabajos que involucraban el mejoramiento sanitario de las viviendas. En las escuelas se formaron clubes, siendo el maestro el aglutinador. Se fundaron varios clubes en zonas de Canelones como Rincón de Conde, Castellanos, El Colorado y El Arenal, entre otros. Los becarios trabajaban en los clubes, y las becarias con las señoras de los chacareros, en clubes de economía doméstica, de forma de relacionar los proyectos de los niños con los padres, quienes consentían que sus hijos tuvieran un proyecto comercial. No obstante, este trabajo tuvo una repercusión fundamental en el desarrollo de la avicultura en la zona. El trabajo con las escuelas permitió identificar comunidades, entre las que figuraron localidades como Fray Marcos, La Escobilla, Tala, Rincón de Conde, El Cuadro, El Arenal, San Bautista y El Colorado, todas localidades de Canelones o Florida. La estrategia era visitar personas con referencias dadas por los agricultores, acerca de ser “buenos productores”, buscando líderes, insumos para el trabajo del extensionista, y de esa pesquisa surgió nítidamente la figura de Jesús González, de El Colorado (Canelones), como productor líder.[12]

En relación a Facultad de Agronomía, los técnicos de IICA daban conferencias y cursos en la facultad, incluso las máximas autoridades como Elgueta y Marull. Debe tenerse en cuenta que varios actores del adsr dictaron clases en la facultad en distintos momentos, ya sea por IICA o efectivos, como Ignacio Ansorena; Gustavo Olveyra; Carlos Rucks; Juan Cabris; Guillermo de Torres; Julio Echevarría; Francisco Mosquera; Hebert Trenchi Domínguez; Nelson Amaral y José Stella. Hubo una retroalimentación a valorar, ya que la enseñanza de extensión en Facultad de Agronomía se vio respaldada por la experiencia en IICA.

Un ítem aparte lo constituyeron los asesores tecnificados. Fue fundamental el papel de los ingenieros agrónomos Pedro Achenbach y Daniel Larriera, socios en un emprendimiento avícola, con granja de producción e incubaduría de pollitos, de importancia en la época. Achenbach, nacido en Alemania, luego de recibido en Uruguay había realizado una maestría en la Universidad de Cornell. Ambos habían sido, con otros productores, fundadores de la Asociación de Productores Avícolas Sur (APAS) en 1953. APAS fue y aún es un vocero del sector y su creación y desarrollo coincidió con el de toda la avicultura, siendo la gremial cofundadora de la Asociación Latinoamericana de Avicultura en 1970. Achenbach y Larriera fueron unos de los proveedores de pollitos para el adsr. Sin embargo su papel como conocedores de las técnicas avanzadas debe destacarse.[13] Otros referentes fueron los hermanos Bretchsneider, criadores importantes en la época, inmigrantes alemanes y responsables del criadero Leghorn, cuyo predio fue visitado por agricultores de los comités, y a su vez, Enrique Bretchsneider participó en un curso de capacitación para productores, junto con el doctor Trenchi Domínguez y los ingenieros agrónomos Mosquera y Azzarini (IICA, 1958b, p.46; IICA, 1958c, p.47).

Finalmente, cabe resaltar el papel de los productores avícolas. El productor líder fue Jesús González, y la implementación del proyecto tuvo lugar en su criadero, en 1956, siendo éste el proyecto que permitió el despegue de la acción del adsr en avicultura. Gracias a González se difundieron los conocimientos de la moderna avicultura, que tuvieron epicentro en el adsr. Tenía gran ascendencia sobre los productores, incluso más que los técnicos, al ser un integrante de la comunidad. Era visitado por los avicultores frecuentemente y Ansorena decía que él era el “profesor”.[14] Bajo su influencia se nuclearon un número importante de chacareros que constituirían la primera ola de la nueva avicultura.

Actividades desarrolladas en el período 1952-1962

Comienzo de los trabajos en el Área Demostrativa de San Ramón

Desde fines de 1952 se comenzaron los trabajos relativos al programa, tales como reconocimiento físico del sitio y contactos con productores, realizándose estudios sociológicos, de clasificación y fertilidad de suelos, administración rural y reconocimiento de grupos humanos (Ansorena, 1958, p.59). De acuerdo a su testimonio, se firmó un convenio entre IICA y el MGA, comenzando con trabajos en suelos, realizándose un mapa de suelos y asimismo estudios de administración rural con el fin de clasificar el tipo de empresas. Se trataba de predios chicos de entre 25 y 30 hectáreas, en donde se plantaba trigo y maíz. Había mano de obra ociosa, con un promedio de 200 jornales en el año. Por el proyecto se determinaron las escuelas como forma de delimitar las comunidades rurales. Ansorena se presentó a una beca siendo estudiante de quinto año de Agronomía y ganándola, pasó a vivir en la Escuela Agraria de San Ramón, en el marco de un acuerdo con la Universidad del Trabajo del Uruguay (UTU), realizando incluso parte de la tesis de grado allí. El aún estudiante no tenía conocimientos de avicultura más allá de los recibidos en el curso de facultad, por lo que debió enfrentar los problemas de la avicultura, de entonces, por ejemplo, la pullorosis. Fue primero becario (1952 a 1956), luego encargado de adiestramiento (1956-1957) y luego jefe de adiestramiento (1957-1962), lo que en la práctica lo convirtió en el principal ejecutor de la extensión en el adsr. Así, Ansorena planteó la problemática de la zona; su proceso de inserción en el cargo y también su indefensión académica para el tema que le había tocado abordar, así como parte de las dificultades, radicadas en la sanidad avícola.[15] Efectivamente, en 1955 se contaba con mapas de suelos y estudios económicos, para formular planes. Se realizó una encuesta referida a administración rural, relevándose calidad y uso de la tierra, rotación de cultivos, fertilización, sistemas de pastoreo, raciones y tratamientos de sanidad vegetal y animal, entre otros datos. En los predios de los productores los técnicos realizaban asimismo demostraciones prácticas. En el cultivo de maíz se realizaron ensayos de comparación entre parcelas fertilizadas y no fertilizadas comprobándose el efecto, que también atraía a los vecinos a observar (Arnaboldi y Triay, 1955, p.25-26). Esta debe considerarse claramente como una primera etapa en el adsr (1952-1956), siendo la segunda la que correspondió al indudable protagonismo de Ansorena (1956-1962).

Debe considerarse que el trabajo en el área involucró más allá de los rubros productivos, también hubo actividades de manualidades y de mejoramiento del hogar. Existía el llamado programa de “Demostración del Hogar”, con clubes de niños y niñas, había proyectos de corte y confección, tejidos, bordados, fabricación de juguetes, conservación de alimentos, etcétera. (Arnaboldi y Triay, 1955, p.27). Los llamados “Clubes del Hogar”, junto con los clubes agrarios juveniles y los comités de productores, fueron tres pilares donde se apoyó el programa de extensión.

Las primeras crianzas de aves en el nuevo marco

A efectos del inicio de actividades en el predio de Jesús González, se construyó en su predio un gallinero llamado “caseta”, con parque, para criar 1.000 bebés (en la jerga avícola suele escribirse “BB”), que pertenecían a los tipos genéticos new hampshire, rhode island red y la llamada “cruza-cross-chick”. Pero para poder trabajar, González debió eliminar todas sus aves, construir la caseta y traer los pollitos new hampshire de la estación de Toledo (Ansorena, 1958, p.62). La raza new hampshire fue la preferida por ser doble propósito, ya que también se vendían pollos. Rhode island red también era doble propósito pero new hampshire la superaba en distintos aspectos. En cambio, leghorn, raza productora de huevos blancos, solamente aportaba alta producción de huevos. Según Rucks, después de la experiencia de González el banco autorizó varios créditos entre los que figuraban los de los productores Cedrés; Pregliasco; Luis Parodi; Ramón Bentancor (todos de San Bautista); Alejandro Saule de El Cuadro, y los hermanos Sanguinetti de El Arenal. Indicaba que “[...] no hubo una sola cuota de mora en el banco, porque el propio comité de productores los controlaba”.[16]

En referencia a raciones y comercialización de productos, Rucks recordaba que en principio los productores compraban ración, por ejemplo a la empresa Domingo Basso, en tanto que la venta de pollos se hacía en el Mercado Modelo de Montevideo, así como a revendedores que empezaron a transitar las rutas con sus pequeños camiones. Tanto Jesús González como otros empezaron a visitar los criaderos trayendo ración y llevando pollos y huevos.[17]

El proyecto en lo de Jesús González tuvo un punto concreto de inicio: el 9 de agosto de 1956 se recibieron las aves. Vemos así que mediaron algunos años entre el establecimiento del programa y su puesta en marcha a nivel de productores avícolas, con una propuesta determinada. En 1957 había ya datos económicos de la producción de huevos y pollos de este plantel. Los productores se comenzaron a reunir y como citaba Ansorena, llegaban para comprobar y aprender la forma “técnica, práctica y económica de ir sustituyendo la avicultura chacarera”. Así nacieron nuevos planes de explotación. El paso siguiente fue la obtención del crédito del Banco República, que fue concedido por $5.000 a 18 productores “basado en su persona moral y buenos hábitos de trabajo”. Muchos productores y técnicos visitaron el área, otros se contactaban por correo, y el efecto fue multiplicador (Ansorena, 1958, p.62-64).

Para ilustrar la rápida difusión que tuvo el impulso inicial a través del criadero de aves de Jesús González en 1956, debe citarse que al año siguiente al menos 17 criaderos nuevos se habían establecido. Esta cantidad fue la muestra que Amaral tomó para un estudio económico, habiéndose todos iniciado en el segundo semestre de 1957 (Amaral, 1960, p.4). En tanto Elgueta (1962, p.86-87) citaba que en un censo que se hizo en 1961, había 143 agricultores con gallineros de más de 500 ponedoras y 282 con menos de 500.

Aparte de la figura de Jesús González, hay que referirse a una institucionalidad de productores, “los comités”. Por ejemplo, en 1956 se hacía referencia al Comité Tala-San Ramón, que aparte de realizar reuniones, sus miembros habían visitado dos veces el criadero de Achenbach para discutir el plan avícola, pero habían tenido otras para conseguir ración con el SODS y con el Laboratorio Rubino para preparar el plan sanitario. El comité El Cuadro también visitó el criadero de Achenbach. Se citaba también al Comité San Bautista (IICA, 1956, p.31). Otro comité era El Arenal, donde dictó Mosquera una charla.

Ansorena recordó varios nombres de productores: Alejandro Saule de El Cuadro; “los Cosentinos”; el bodeguero Sanguinetti en donde se hizo un proyecto con patos kaki campbell, resistentes a la salmonelas y cuyas hembras eran muy buenas ponedoras; Gorki Villalba (otro referente local), quien tenía un criadero urbano dentro del pueblo de San Bautista, y Eduardo Rey en la carretera entre Castellanos y ruta 6.[18]

Sin embargo deben citarse más nombres, algunos coincidentes con el testimonio de Ansorena. Amaral proporcionaba una planilla para censo, en donde el productor debía marcar a quien compraba las aves, en el intervalo de 1 de enero de 1964 a 31 de mayo de 1966. Aparecen listados 15 productores, en el siguiente orden: “Alejandro Saule, Guillermo Duque, José Bentancor, Ademas González (sic), Carlos Sanguinetti, Vicente Alpuis (sic), René Mourat, Gorki Villalba, Enrique Nartallo, Aníbal Camacho, «Cacho Bonilla», Iginio Rivero, Ramón Cedrés, Eduardo Rey y Raúl Rodríguez” (Amaral, 1967, p.77). Varios de ellos eran recordados tanto por Ansorena como por Rucks como de citó anteriormente: Saule, Sanguinetti, Villalba, Bentancor y Cedrés. Rucks nombró también a Ramón Bentancor, en tanto Rey fue recordado por Ansorena, quien tenía presente también a Mourat.[19]

Para este trabajo pudo entrevistarse a Reynaldo González, primo de Jesús, quien fue también criador de la primera hora con su predio en zona de Tala. Reynaldo afirmó el protagonismo del IICA, el aporte del Banco República y la importancia de los referentes Larriera y Achenbach (indicó que fueron ellos los proveedores de los planos para las casetas). Asimismo quedó clara la relevancia de su primo, quien comenzó a criar con pollitos del Servicio de Avicultura de Toledo, en tanto él trajo su primer lote de pollas de origen “de Larriera”, y refirió a la existencia de la new hampshire, aunque las primeras que él tuvo fueron leghorn. Fue preciso sobre las fechas: el lote de Jesús González llegó en agosto de 1956, y el suyo, el 12 de octubre de dicho año. Se refirió al tipo de galpones, llamados “casetas” (al menos en 2018 aún estaban en pie) con banderolas y parque al que las gallinas llegaban por una puerta. También brindó detalles sobre la crianza y comercialización. La cría se hacía con criadoras (“madres”) con campana a kerosén; los parques eran de un cuarto de hectárea y de noche se encerraban las gallinas, se ponía un farol a mantilla porque no había corriente eléctrica, y el agua se extraía con bomba; se fabricaban caseramente los nidos de madera. La producción de huevos de los dos primos González se llevaba a Montevideo en principio en una pequeña camioneta y luego en un camión que Reynaldo adquirió. También se refirió a los técnicos, tanto a Ansorena como a los del IICA, de varias nacionalidades. Fue contundente al decir: “El área empezó en 1956, con el IICA, se empezó con el Banco República en ese año, con el crédito, y siguió basándose en avicultores como Larriera y Achenbach, de San José. De ahí trajimos los planos de los gallineros de ellos. Tengo todavía el primer galpón que hice. Aquí no había nada de avicultura. La avicultura nació acá”.[20] Quedó afirmado así, el papel de los técnicos actuantes, y la difusión masiva que tuvo la propuesta de “casetas de San Ramón”, que en un período breve llevaron la cría de aves al aire libre al semi-confinamiento, paso previo al confinamiento total.

Dimensionamiento e indicadores de producción

El trabajo de Amaral sobre los primeros 18 criaderos indicaba una cantidad total de pollitos BB de 20.695 y 8.003 ponedoras (promedio por establecimiento), así como 1.150 pollitos BB promedio por criadero y 445 ponedoras como promedio mensual (Amaral, 1960, p.9). Debe aclararse que del total de pollitos recibidos debe descontarse la mortalidad, y que se calcula que la mitad aproximadamente son machos y la mitad hembras. La cantidad promedio de pollitos es consistente con el número de BB que tuvo el primer emprendimiento de González en 1956, así como el promedio de ponedoras del mismo en 1957. En cuanto a los indicadores productivos, en promedio de los 18 criaderos la postura anual fue de 184 huevos por gallina (50,49% de postura); y los pollos se vendieron con un peso de 1,91 kg a la edad aproximada de 15 semanas (Amaral, 1960, p.10-12).

En corto tiempo el número de productores aumentó. Para representar la incidencia posterior del “arranque vigoroso”, cabe citar que en 1965, cuando el Área de San Ramón era gestionada por el MGA, 139 productores hicieron uso de la fórmula de crédito del Banco República para los avicultores del Área, a los que el MGA asesoraba a través del Servicio de Extensión (MGA, 1965, p.102).

Los resultados del Área Demostrativa de San Ramón

En 1961 IICA publicó un trabajo en donde se comparaban los resultados económicos entre 1953 y 1959. El estudio refería a la totalidad del área, no solamente a avicultura. Se comparaba el valor total de producción del área con el del territorio considerado, reportándose que en el adsr el valor de producción aumentó un 47,3% en tanto en el país esa cifra disminuyó en un 11,6% en igual período. Considerando el área en su totalidad, los volúmenes físicos de producción de los productos de origen animal aumentaron en mayor proporción que los de origen vegetal: del 66,5% en 1953 pasaron al 80,5% en 1959, con aumento en los predios dedicados a avicultura, cría de cerdos y lechería, disminuyendo los de vacunos de carne y ovinos (IICA, 1961, p.16).

Durante los dos primeros años, la producción no sufrió grandes cambios, pero en 1956 se apreciaron los primeros efectos del apoyo a la avicultura. Ese era el año en que se podía considerar iniciado el aumento de producción del área (IICA, 1961, p.40).

También IICA analizaba el efecto de la extensión en distintas zonas de influencia del adsr, y para esto se habían determinado cuatro regiones para el área, nominadas según el centro poblado más cercano o paraje más importante: San Bautista, San Ramón, Fray Marcos y Rincón de Conde. La acción de extensión tuvo más repercusión en San Bautista, a la que seguía San Ramón. Esto se debió a que la acción de los extensionistas se centró inicialmente en aquellos productores de menor nivel económico, los cuales predominaban en San Bautista. En San Ramón estaba la sede del área, y además las comunicaciones eran muy buenas, lo que justificaba que la acción de los extensionistas también tuviera repercusión. En cambio Fray Marcos era una zona más lejana y al menos en este relevamiento de 1959 se decía que estaba a cargo exclusivo de becados que tenían poco tiempo para estudiar tanto la zona como los productores (ocho meses). Por su parte, Rincón de Conde estaba formada por productores de mayor nivel económico, y el estudio indicaba que no se pretendía ejercer mayor efecto de la extensión. Esta definición será de fundamental importancia a largo plazo (IICA, 1961, p.30-31).

Otras variables como los ingresos económicos de los productores, también mejoraron. Amaral (1960, p.6), decía que “[...] los criaderos avícolas han sido, en el período considerado, un excelente negocio”. Al momento de valorar la significancia que la etapa del adsr tuvo, en relación al desarrollo de la avicultura, las evaluaciones parciales ya en 1960 la resaltaban. El trabajo de Amaral, citaba que había 200 criaderos en el adsr, indicando varias conclusiones que si bien eran ajustadas para los 18 criaderos estudiados (el autor declaraba que debían relativizarse), debían tenerse en cuenta porque representan un balance de lo actuado hasta ese momento. Se planteaba que los avicultores habían tenido una ganancia neta altamente favorable, que les permitió capitalizarse y al mismo tiempo elevar el estándar de vida de su familia. Por otra parte, el beneficio obtenido por el capital invertido en la producción estuvo muy por encima de lo que generalmente se obtenía en las explotaciones del adsr y lo anterior se relacionaba a la aplicación de técnicas de producción nuevas para la zona combinadas con un régimen de crédito también desconocido por los productores. Este régimen de crédito adaptado a los ciclos de producción, sin garantía monetaria, pero sí basado en la selección de un buen productor y respaldado por un sólido plan técnico, había mostrado sus consecuencias altamente favorables para la producción. El grado de adopción de las prácticas indicadas por los extensionistas era alto. También Amaral valoraba la tecnificación: el uso de ración balanceada (igualmente continuaba el uso de “verde”); la aplicación de distintas medidas sanitarias; la selección de aves y la utilización de iluminación artificial, entre otras técnicas (Amaral, 1960, p. 13-17). Un estudio de 1959 realizó una evaluación económica de los resultados de los predios, aunque para la avicultura se encontró escasa diferencia en la producción de huevos por ave entre los predios de diferente oportunidad económica, debido a que la muestra comprendió pocas granjas avícolas explotadas como tales, el resto tenía aves a libre pastoreo (Guerra, 1961, p.41).

Ya con el programa avanzado, el director regional de IICA valoraba que los agricultores fueran permeables a la enseñanza del técnico; que los métodos de educación de extensión fueran adaptables; que los gobiernos dispusieran de un arma poderosa para promover el mejoramiento de la vida rural y la eficiencia de la producción, y que la enseñanza técnica impartida en un proyecto tuviese un valor imponderable para la formación de especialistas de extensión (Elgueta, 1962, p.75).

Fin de la etapa del Área Demostrativa de San Ramón y su continuidad en el marco ministerial

El fin del adsr se asocia al cambio de estrategias del IICA, dado que a la descentralización (1950-1959) siguió la etapa llamada “nueva dimensión” (1960-1969). En esta etapa se privilegió la enseñanza agrícola superior, de ahí el énfasis en la Escuela para Graduados de La Estanzuela (Uruguay), la Escuela para Graduados de Castelar (Argentina) y Turrialba (Costa Rica).[21] Por tanto las áreas demostrativas dejaron de ser prioritarias. La experiencia del adsr se extendió entre 1952 y 1962 (IICA, 1993, p.30). Las autoridades públicas respaldaron el proceso que llevó al establecimiento de los servicios de extensión en La Estanzuela, a principios de los 60. IICA dio apoyo a La Estanzuela, trasladando allí a Ansorena en 1962 para trabajar en extensión y en la escuela de graduados. Desde ese punto de vista, el adsr del IICA cerró un ciclo. Las actividades en San Ramón quedaron a cargo del MGA, por parte del ingeniero agrónomo Gustavo Olveyra. No obstante, el Programa 39 de IICA continuó apoyando actividades en San Ramón. La extensión agrícola sufrió un duro golpe a partir de 1967, en función del cambio de las prioridades que tuvo el nuevo gobierno. Se cerró finalmente una etapa importante tanto en la historia de la extensión en el Uruguay, como en lo referente a la historia de la avicultura nacional. En tanto, la avicultura uruguaya estaba encontrando su propio camino.

Avicultura en el Uruguay: la producción chacarera y la transición a la avicultura industrial

Debe hacerse la distinción entre avicultura chacarera e industrial, que puede trasladarse de la diferencia entre agricultura familiar y capitalista, en cuanto a objetivos de producción; origen de la fuerza de trabajo; intensidad de mano de obra; disponibilidad de capital; destino de los productos; origen de los insumos; riesgo asumido y divisibilidad del producto neto e ingreso familiar. Este proceso de transición de la avicultura chacarera a la industrial dependió de la reconversión de los primitivos sistemas de crianza. Fue el sistema de cría implementado en el adsr el que permitió pasar de la antigua cría a campo, a un semi-confinamiento, difundiéndose la llamada “caseta tradicional”, que significó el pasaje “de los árboles al corral”. Asimismo se empezó a trabajar con más tecnificación y al mismo tiempo los agrupamientos de productores comenzaron a darse, aunque no necesariamente con los resultados esperados. La “etapa San Ramón” marcó un quiebre importante en lo que hace a la avicultura nacional necesario de destacar. En poco tiempo la avicultura evolucionó hacia los sistemas en total confinamiento utilizados actualmente, tanto para piso como para jaula. Fueron cambios que se generaron con rapidez, con pocos años de diferencia, en lo que incidió la difusión de la genética (líneas híbridas de alta producción), que inexorablemente habrían de llegar a Uruguay. El éxito de esta genética, con sus evidentes ventajas de productividad y uniformidad, dependía de las correctas instalaciones, entre otros aspectos: desde el exterior llegó entonces la necesidad de tecnificarse. De ahí en más la avicultura industrial, con los rasgos que la caracterizan, continuaría su afianzamiento, hasta imponerse.

Influencia del Área Demostrativa de San Ramón en el desarrollo de la avicultura

A la hora de analizar el impacto del adsr, por un lado, debe visualizarse el cumplimiento de los objetivos que IICA se había fijado desde los inicios. Con mayor perspectiva en el tiempo, IICA realizó una valoración de lo ocurrido en el adsr, diciendo de ella que determinó cambios estructurales en la zona, destacando los resultados positivos en los ámbitos educativo y económico, configurando un aporte de significación al Proyecto 39. También se resaltaba que en el adsr se adiestraron en servicio hasta 1960, 124 profesionales y la experiencia adquirida representaba un plus para los técnicos que volvían a sus países y difundían lo aprendido en el área. Fue el adsr un ejemplo para impulsar actividades similares en Chile, Brasil, Paraguay, Cuba, Costa Rica y Venezuela, y estimuló la creación de servicios análogos en Argentina, Brasil, Chile y Paraguay. Fue el nombre de San Ramón una referencia obligada en cuanto al origen de organismos de investigación agropecuaria, servicios de extensión y centros de capacitación en todos los países de la Zona Sur (IICA, 1993, p.30-31). Autoridades del IICA visitaron el adsr y fue considerada uno de los éxitos del IICA en América. Ansorena indicó: “El liderazgo fue del IICA, fue uno de los más grandes triunfos del IICA en América”.[22]

La historia de la extensión agrícola en el Uruguay no puede prescindir de la importancia que tuvo la etapa del adsr. Ansorena reflexionaba al respecto, indicando que se había aplicado una nueva metodología de trabajo del ingeniero agrónomo como «técnico maestro». “Una cosa es la extensión y otra la asistencia técnica. La educación era la herramienta fundamental de transformación del hombre. El producto educativo se logró. Se llevó adelante la interdisciplinariedad, con el trabajo de los becarios en varios rubros”, decía.[23]

En relación a las instituciones oficiales (MGA y Universidad de la República), cabe consignar que del análisis se desprende que fue el de colaboradores y co-ejecutores de la tarea impulsada por el IICA, con el respaldo de los productores y otras instituciones como el Banco República y otras. El proceso de despegue de la avicultura en el Uruguay no fue liderado por las instituciones oficiales más directamente ligadas al sector si se consideran las áreas de investigación y extensión, caso el Servicio de Avicultura de Toledo o las facultades universitarias. Luis Batlle Berres, presidente del Uruguay (1947-1951) y presidente del Consejo Nacional de Gobierno (1955-1956, gobierno colegiado), visitó el área, aunque su visita no tuvo una repercusión directa concreta.[24] Es interesante lo indicado por IICA en ocasión de sus 50 años, en donde se establecía que la gestión ante el MGA la realizó el director de la Zona Sur, Elgueta, y esto “fue aceptado”, lo que despeja dudas respecto a la iniciativa (IICA, 2002, p.29). En definitiva, el poder público impulsó el emprendimiento, ya que el actor principal por parte del gobierno era el MGA. Por tanto, en el adsr se verificó el apoyo del Estado que en el tramo final del período conocido como “neobatllista”, era consecuente con sus fines de arraigar al productor en el campo, brindando créditos y asesoramiento, para incentivar la producción.

El adsr sirvió de ejemplo para trabajos en otras instituciones nacientes, como el INTA de Argentina, cuyos técnicos vinieron con el objetivo de estudiar la integración investigación-extensión en La Estanzuela, y llegaron hasta el área.[25] No fue este el único aporte. Al respecto, Rucks priorizó la influencia en la creación del INTA en Argentina como el producto más relevante que tuvo el adsr, y asimismo valoró la experiencia como generadora de otros emprendimientos en la región. También refirió que Elgueta cuando se retiró del IICA impulsó la creación del INTA en Chile.[26] INTA de Argentina se creó en diciembre de 1956 por lo que si se considera el devenir del adsr, el proyecto avícola recién estaba en sus comienzos. Así, este impacto hay que relacionarlo al modelo de extensión adoptado desde los primeros años del adsr. En tanto, el INTA Chile se creó en 1964, y entre los años 50 y 70 se crearon asimismo institutos agrícolas en México, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Brasil, en este caso EMBRAPA, en 1973, por lo que puede afirmarse que esos decenios constituyeron una explosión de la investigación y extensión agropecuaria en América Latina, de la cual el adsr formó parte. Si se desea relacionar esto con la creación del INIA en Uruguay en 1989, debe pensarse que el mismo es la culminación de un proceso que se inició en 1914 en La Estanzuela. Obviamente que la maduración institucional en América Latina y la experiencia propia tiene que haberse reflejado en la creación del INIA en tiempos contemporáneos.

¿Qué repercusión tuvo el adsr sobre la avicultura uruguaya? Los técnicos protagonistas consultados reconocieron la importancia de la misma. Rucks estimaba que el adsr tuvo dos aportes fundamentales: por un lado, incorporar la avicultura tecnificada en la pequeña propiedad agropecuaria, y por el otro, pasar de criaderos de élite, (que por otra parte, no eran muchos), a criaderos de pequeños productores. Al mismo tiempo, se pasó de criaderos suburbanos, como el de Achenbach, a criaderos rurales, ya que antes del adsr no era frecuente ver gallinas en confinamiento en el medio rural. Rucks también refirió al incremento en el consumo de pollo, lo que contribuyó a masificar la oferta del consumo de carne de ave.[27] Los propios productores ponderaban debidamente el adsr, y no hubo que esperar al paso de los decenios. En una conferencia de prensa realizada en 1966 con participación de dos de las principales gremiales avícolas, se informaba de los importantes volúmenes de exportación, del abastecimiento de la plaza, y se dijo que el Área de San Ramón, era un “[...] magnífico ejemplo de avanzada que muestra una etapa de trabajo iniciado en 1956, que provocó una intensa transformación socio-económica en una zona que veía con desesperanza su futuro” (La Mañana, 1966, p.12). En definitiva, la avicultura experimentó un importante crecimiento que la colocaría en situación de un despegue que se esbozaba, pero que se confirmaría plenamente en la década del 70.

La avicultura comenzó a difundirse en distintas zonas de Canelones, generándose una tradición avícola mantenida hasta el presente. Dado que la acción de extensión del IICA se centró en aquellos productores de menor nivel económico, que predominaban en la zona de San Bautista, la implicancia que esto tuvo en el futuro pudo ser decisiva. La ciudad de San Bautista, situada en la intersección de las rutas 6 y 81, integra el llamado “Santoral de Canelones”, junto con San Ramón, Santa Rosa, San Jacinto, San Antonio y Castellanos. Es considerada hoy “la capital de la avicultura”, sede de empresas como El Poyote; San Isidro; La Cabaña y El Zorzal; tiene molinos y frigoríficos y se realiza la Fiesta del Pollo y la Gallina. Puede suponerse que la razón de la identidad de San Bautista y sus aledaños debe buscarse en la priorización que realizó el IICA en su momento.

Finalmente habría que considerar a nivel local, la valoración que las escasas compilaciones de la historia de San Ramón plantean, a través de un blog contemporáneo. Se recapitula en los años 50, conceptos de IICA, y al referirse a los 60 se dice que la avicultura fue una de las producciones de mayor desarrollo, incluyendo zonas aledañas, y que contribuyó a aliviar los problemas de los chacareros. A la vez queda claro el proceso de mejora de las instalaciones, en tamaño y tecnología, así como la utilización de mano de obra familiar y alta cantidad de insumos nacionales (Lasa y Guadalupe, 2016, s/p.).

Consideraciones finales

La importancia del adsr fue grande y muchos consideran que el despegue de la avicultura uruguaya estuvo vinculado a este emprendimiento, por lo que se ha hablado de un "antes" y un “después” de San Ramón. Ansorena consideraba que de no haber existido el adsr, no hubiera existido el polo avícola en el hoy conocido como santoral de Canelones, especulando que quizás hubiese estado en otro sitio, quizás cercano a criaderos de mayor desarrollo tecnológico, como el de Achenbach en el departamento de San José. Además, como se ha dicho, asignaba al adsr el rol de determinante del despegue de la avicultura en el Uruguay. Queda clara la trascendencia del adsr, validándose la primera de las hipótesis de este trabajo.

Sin embargo y pese a haber sido el alma mater del adsr, reconocía que ella no fue la determinante exclusiva en el tránsito a la avicultura industrial, aunque no disponía de mayores elementos para evaluar lo sucedido después de 1962, cuando dejó el adsr para pasar a trabajar en La Estanzuela. De esta manera, Ansorena no vivió los acontecimientos que luego se precipitaron en el universo avícola uruguayo. De su relato quedó claro que de aquellos objetivos de agricultura humanista que el IICA se proponía, a la avicultura capitalista que se desarrolló luego, mediaba una gran distancia que no necesariamente se alineaba con los propósitos que el adsr tuvo en sus inicios.

El rubro avícola siguió su propio rumbo, como también sucedió con la hortifruticultura o la producción de cerdos.[28] Otros referentes de la avicultura nacional como el ingeniero agrónomo Ricardo Claramunt de PRODHIN (la mayor empresa de producción de huevos del Uruguay), indicaba que el aporte del adsr fue decisivo, en tanto que el doctor Hebert Trenchi Casal, especialista en sanidad avícola, se refería al adsr como “el puntapié inicial”.[29] Aquel estímulo a los productores “tesoneros y entusiastas” del que hablaba el ingeniero agrónomo Julio Echevarría en 1957, provino básicamente de un organismo internacional, el IICA, pero el cambio hacia la avicultura industrial no se limitó a esta influencia. Así, puede plantearse que el inicio de la avicultura industrial no se debió en forma exclusiva al adsr, rebatiendo la segunda hipótesis del trabajo. Los avances que a nivel mundial ocurrieron, llegaron a nuestro país, e incidieron directamente como complemento del impulso que el adsr había proporcionado a la avicultura nacional. En este sentido debe hacerse énfasis en las innovaciones promovidas por los técnicos, muchos capacitados en el exterior que involucraron, entre otros aspectos, las prácticas de manejo. La nueva avicultura se sustentó en el sistema en total confinamiento, la producción de huevos en jaula, la difusión de las líneas híbridas de alta producción, los avances en la incubación artificial, el desarrollo de la nutrición aviar y la aparición de empresarios que decidieron apostar al sector, aspectos todos que coadyuvaron al desarrollo de un proceso hacia una avicultura industrial.

En función de lo analizado, una periodización de la avicultura uruguaya basada exclusivamente en el adsr sería arbitraria y no se justifica fijar su fecha de finalización (ya sea bajo la dirección del IICA como la continuidad por el MGA), como el fin de una etapa y el inicio de otra. El inicio de la avicultura empresarial no se debió en forma exclusiva al adsr. Al momento de definir etapas en la avicultura uruguaya, necesariamente el adsr debe integrar un marco mayor que refiera a la transición a la avicultura industrial, cuyo fin puede establecerse aproximadamente en 1970. Si bien el adsr participó de un período bisagra que deja a sus lados toda la historia de la avicultura desde sus inicios por un lado, y la moderna avicultura industrial por el otro, en función de la investigación se concluye que la periodización debe incluir tanto al adsr como al resto del incipiente sector, prefiriéndose entonces llamar a la segunda etapa de la avicultura en el Uruguay, como de “transición a la avicultura industrial”.

Agradecimientos

El autor agradece a Alcides Beretta Curi; Ignacio Ansorena; Carlos Rucks; Reynaldo González; Hebert Trenchi Casal; Ricardo Claramunt y Telmo D’Amado por su colaboración en este trabajo.

Referencias

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Notas

1 Entrevista a Ignacio Ansorena realizada por el autor, 21 de marzo de 2018.
2 Comunicación personal de Carlos Rucks al autor, 8 de julio de 2015.
3 Comunicación personal de Carlos Rucks al autor, 8 de julio de 2015.
4 Entrevista a Ignacio Ansorena realizada por el autor, 21de marzo de 2018.
5 Comunicación personal de Ignacio Ansorena al autor, 14 de marzo de 2018.
6 Comunicación personal de Carlos Rucks al autor, 8 de julio de 2015.
7 Entrevista a Ignacio Ansorena realizada por el autor, 21 de marzo de 2018.
8 Entrevista a Ignacio Ansorena realizada por el autor, 21 de marzo de 2018.
9 Entrevistas a Ignacio Ansorena realizadas por el autor, 19 de julio y 14 de febrero de 2019.
10 Comunicación personal de Carlos Rucks al autor, 12 de noviembre de 2019.
11 Entrevista a Carlos Rucks realizada por el autor, 30 de octubre de 2018.
12 Entrevista a Ignacio Ansorena realizada por el autor, 21 de marzo de 2018.
13 Comunicación personal de Ignacio Ansorena al autor, 14 de marzo de 2018.
14 Entrevista a Ignacio Ansorena realizada por el autor, 19 de julio de 2018.
15 Entrevistas a Ignacio Ansorena realizadas por el autor, 21 de marzo y 16 de octubre de 2018.
16 Comunicación personal de Carlos Rucks al autor, 8 de julio de 2015.
17 Comunicación personal de Carlos Rucks al autor, 8 de julio de 2015.
18 Entrevista a Ignacio Ansorena realizada por el autor, 19 de julio de 2018.
19 Comunicación personal de Carlos Rucks al autor, 8 de julio de 2015; entrevista a Ignacio Ansorena realizada por el autor, 19 de julio de 2018.
20 Comunicación personal de Reynaldo González al autor, 5 de enero de 2017.
21 Comunicación personal de Carlos Rucks al autor, 15 de octubre de 2015.
22 Entrevista a Ignacio Ansorena realizada por el autor, 14 de febrero de 2019.
23 Entrevista a Ignacio Ansorena realizada por el autor, 16 de octubre de 2018.
24 Entrevista a Ignacio Ansorena realizada por el autor, 16 de octubre de 2018.
25 Entrevista a Carlos Rucks realizada por el autor, 30 de octubre de 2018.
26 Entrevista a Carlos Rucks realizada por el autor, 28 de febrero de 2019.
27 Entrevista a Carlos Rucks realizada por el autor, 30 de octubre de 2018.
28 Entrevista del autor a Ignacio Ansorena realizada por el autor, 16 de octubre de 2018.
29 Comunicación personal de Ricardo Claramunt al autor el 17 de junio de 2017; entrevista a Hebert Trenchi Casal realizada por el autor, 25 de octubre de 2019.
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Estudios Rurales. Publicación del Centro de Estudios de la Argentina Rural - Universidad Nacional de Quilmes(CEAR-UNQ) ISSN 2250-4001 . http://sociales.unq.edu.ar/investigacion/centro-de-estudios-cear/ Roque Sáenz Peña N° 352, Bernal, Provincia  de Buenos Aires Argentina. (CP: B1876BXD)