HELG, ALINE (2018). ¡NUNCA MÁS ESCLAVOS! UNA HISTORIA COMPARADA DE LOS ESCLAVOS QUE SE LIBERARON DE LAS AMÉRICAS. BOGOTÁ, COLOMBIA: FONDO DE CULTURA ECONÓMICA

Reseña

HELG, ALINE (2018). ¡NUNCA MÁS ESCLAVOS! UNA HISTORIA COMPARADA DE LOS ESCLAVOS QUE SE LIBERARON DE LAS AMÉRICAS. BOGOTÁ, COLOMBIA: FONDO DE CULTURA ECONÓMICA

Nicolás Fernán Rey
Universidad del Salvador, Argentina

Estudios Rurales. Publicación del Centro de Estudios de la Argentina Rural

Universidad Nacional de Quilmes, Argentina

ISSN: 2250-4001

Periodicidad: Semestral

vol. 10, núm. 20, 2020

estudiosrurales@unq.edu.ar

Recepción: 23 Agosto 2020

Aprobación: 31 Agosto 2020



Resumen: El libro ¡Nunca más esclavos! Una historia comparada de los esclavos que se liberaron de las Américas, de Aline Hegl, es un repaso de largo plazo por todas las estrategias efectuadas por las esclavas y los esclavos americanos para conseguir su libertad. La obra se propone discutir con los diversos autores que abordaron el tema, realizando una historia comparada “desde abajo” sobre los distintos métodos emancipatorios que utilizaron quienes sufrieron del tráfico esclavista, relativizando la efectividad de unos y rescatando las ventajas de otros.

Palabras clave: América – Emancipación - Esclavitud – Historia atlántica - Historia social.

Abstract: The book ¡Nunca más esclavos! Una historia comparada de los esclavos que se liberaron de las Américas, by Aline Hegl, is a long-term review of all the strategies used by American slaves to achieve their freedom. The work aims to discuss with various authors who addressed the issue, making a comparative history “from below” on the different emancipatory methods used by those who suffered from the slave trade, relativizing the effectiveness of some and rescuing the advantages of others.

Keywords: America – Atlantic History - Emancipation - Slavery – Social History.

Espacios, resistencias y estrategias de lucha. Los esclavos americanos en búsqueda de su emancipación

El libro ¡Nunca más esclavos! Una historia comparada de los esclavos que se liberaron de las Américas, de Aline Helg, nos invita a redescubrir el mundo esclavista “desde abajo”, es decir, a través de sus propios actores: esclavos y esclavas que lucharon, a su manera, por su libertad. La autora, profesora de Historia en la Universidad de Ginebra, en su Suiza natal, dictó ocasionalmente clases en la Universidad de los Andes de Bogotá y en la Universidad de Austin, en Texas. Se especializa en historia social y cultural, específicamente del ámbito Atlántico y sobre temáticas referidas al género, a la institución de la esclavitud y a la formación de las nacionalidades hispanoamericanas.

La reciente publicación de su trabajo por la editorial Fondo de Cultura Económica, en el año 2018, responde a las relaciones que mantiene la autora con el ámbito académico colombiano y a su estudio de la trata negrera en el Caribe. Cabe mencionar que su trabajo original, escrito en francés, data del año 2016. La obra se enmarca en los estudios sobre la esclavitud en el espacio atlántico y es influenciada por la historia transnacional, realizando un recorrido comparativo de longue durée que comienza con la llegada a América de los castellanos, al mando de Cristóbal Colón, y continúa hasta fines del siglo XIX, con las aboliciones casi simultáneas de la esclavitud en el territorio brasilero y cubano. Siendo éste el marco temporal de la investigación, el marco geográfico abarca todo el continente americano (América del Norte, América Central y América del Sur). El libro se encuentra dividido en doce capítulos, entre ellos una introducción y un epílogo; el cuerpo de la obra consta de cuatro cortes temáticos y cronológicos que la autora destaca por las diferentes estrategias y experiencias que sufrieron los esclavos y libertos durante el orden colonial; éstos son: “Primera parte: territorios y períodos”, “Segunda parte: de la conquista al final de la Guerra de los Siete Años (1492-1763)”, “Tercera parte: La era de las independencias (1762-1825)” y “Cuarta parte: entre esclavismo y abolicionismo (1800-1838)”.

La pregunta que mueve al grueso de la obra es comprender qué métodos utilizaron las esclavas y los esclavos para alcanzar su anhelada liberación del régimen que los oprimía y que les había quitado la libertad. A contrapelo de una historia de lucha “desde arriba” por parte de los abolicionistas, el objetivo general de Alice Helg es visibilizar las estrategias que utilizaron los propios actores subyugados. A su vez, pretende discutir con aquellas resistencias que fueron consideradas, por parte de la historiografía interpelada en el estado de la cuestión, como las más fructíferas: éstas son las insurrecciones masivas, como la de Santo Domingo o el cimarronaje. Las fuentes de las que se nutre la autora, además de los relatos contemporáneos editados y debido al gran corte espacial y temporal de la obra, son las tratadas por los autores indagados. De todas maneras, un pequeño número de archivos fueron consultados por la historiadora por la relevancia de los temas abordados. El lector que busque un gran trabajo archivístico en la presente obra se sentirá defraudado, no así si desea interpelar a distintas escuelas historiográficas de la mano de Aline Helg, quien lo realiza fluidamente y con gran manejo en la interpretación de las hipótesis.

A través de esta bibliografía, la autora define que quienes pertenecían al escalón más bajo de aquel mundo esclavista, como los propios esclavos, los cimarrones y los libertos de color, utilizaron cuatro estrategias claras por las cuales tomaron partido en algún u otro momento. Para evadir la inhumana institución esclavista, los esclavos y las esclavas consideraron huir hacia el hinterland y practicar el cimarronaje, optar por una manumisión legal por parte de sus dueños o ingresar al servicio militar del reino al que pertenecían. Como última estrategia, se encontraba la revuelta violenta.

En la introducción, se realiza un amplio estado de la cuestión a través del recorrido por la historiografía que abarcó el tema de la esclavitud en América y la posterior lucha por su abolición. Dialogando tanto con textos como con autores, la autora va conformando de a poco lo que será el motivo y la línea central de su investigación. Por otro lado, en este capítulo se definen claramente los roles de género y las diferencias a las que se exponían tanto las mujeres esclavas como los hombres esclavos. A su vez, refleja también la dureza que imponían las mujeres que dirigían plantaciones o las reprimendas que sufrían éstas por el mero hecho de ser las esposas de los plantadores. Sufrían violencia por parte de esclavos en revuelta por venganza o por su condición de botín humano.

Uno aspecto que se destaca en la “Primera Parte: territorios y períodos” y en la “Segunda Parte: de la conquista al final de la Guerra de los Siete Años (1492-1763)” es la concepción de los espacios de frontera y del medio rural como una zona liberada de la opresión y garante de una posible libertad. Mientras que para los esclavos el ámbito atlántico era sinónimo de tráfico y muerte, la ciudad pasaba a ser un destino de oportunidades, dependiendo del lugar final de alojamiento: la servitud urbana, mucho más benévola, o las mortíferas plantaciones. Pese a esto, las oportunidades de revuelta y de huida siempre estaban latentes en las ciudades, pero pocas veces resultaron efectivas y las reprimendas superaban con creces las victorias logradas. Por esta razón, quienes tenían la “suerte” de ser trasladados a las plantaciones de las zonas más alejadas, la huida hacia el monte o la selva parecía ofrecer una mejor opción. La vida como fugitivos en tierra extraña no siempre fue apacible, no ya por las razias de los propietarios y las autoridades, sino porque muchas veces entraban en conflicto con los pueblos nativos que aún no habían sido dominados por el hombre blanco europeo. De esta manera, la elaboración de un concepto de clase esclava es criticada por la autora, ya que sostiene que los intereses entre diferentes grupos subyugados impidieron la unión de éstos. Por otro lado, se formó una percepción de las fronteras como límite entre lo bárbaro y lo dominado; la ciudad como estandarte de la dominación europea y lo “otro”: un ámbito rural aún salvaje y peligroso. El cimarronaje se convierte de esta manera una de las más ricas estrategias de liberación de los esclavos, pero no exenta de riesgos para ellos.

Otra de las estrategias analizadas por la autora en la “Segunda Parte: de la conquista al final de la Guerra de los Siete Años (1492-1763)” y en la “Tercera Parte: La era de las independencias (1762-1825)”, es la de resaltar el conocimiento, por parte de esclavos y esclavas, de disposiciones y reglamentos de ciudades, gobernaciones y metrópolis en cuanto a la esclavitud. Si bien los traficantes de esclavos y los plantadores trataban de limitar las manumisiones y la cantidad de negros libertos importados porque podían difundir pensamientos que atentasen contra sus intereses, el ámbito atlántico del siglo XVIII se hizo eco de ideas revolucionarias, emancipadoras y religiosamente disidentes. En estos capítulos, el trabajo de Alice Hegl se pone en contacto con la historia marítima y trasnacional que aborda los siglos XVII y XVIII, reflejando al Océano Atlántico como un espacio de circulación no sólo de personas, sino también de ideas. Si bien los barcos piratas, corsarios o incluso las milicias de las naciones enemigas eran una vía de escape para los esclavos hacia su libertad, su consecución les podía costar la vida. Por esto mismo, una salida institucional o legítima bajo las reglas jurídicas de los códigos negreros fue la vía más propicia para conseguir la manumisión. De esta manera, los esclavos y esclavas se volvieron actores de su propia emancipación. Al respecto, la autora rescata las disposiciones de las posesiones españolas, las cuales a priori parecen haber sido mucho más benévolas que las de sus pares franceses, holandeses e ingleses.

En la “Tercera Parte: La era de las independencias (1762-1825)” y, sobre todo, a lo largo de la “Cuarta Parte: entre esclavismo y abolicionismo (1800-1838)”, la autora indaga en los procesos emancipatorios ocurridos durante las independencias de las colonias americanas y en cómo se manejó la relación con las esclavas y los esclavos en cada nación. Por otro lado, se resaltan las estrategias de compra de libertad o de servicio militar disponibles en los territorios angloparlantes e hispanoamericanos. La independencia de Haití toma, por razones de envergadura revolucionaria, una gran relevancia para la autora a modo de ejemplo comparativo. Problematizando la figura de Toussaint Louverture como revolucionario liberador de su pueblo, para Aline Helg, el militar haitiano fue un plantador que contó con sus propios esclavos y que, al emancipar su país, lo transformó en una dictadura militar. Se destaca la figura de los nuevos cultivateurs, que eran exesclavos caídos nuevamente en la servitud. Es decir, el sistema de producción cambiaba de manos y de formas, pero la escala más baja de los afrodescendientes siguió siendo explotada y sin poder definir su destino. Además, el sistema de plantación siguió vigente un tiempo prolongado en la “perla de las Antillas” de la mano de Camile Dessalines, conservando el modelo de producción extractivista de materia prima para financiar al nuevo régimen. Este patrón es analizado en otras naciones revolucionarias hispanoparlantes, donde una promesa liberal de derechos y libertades fue cercenada rápidamente cuando chocó con los intereses económicos de los criollos, sin importar su color de piel. Si bien a priori se otorgó la libertad de vientres en Argentina, Perú o Colombia, la esclavitud no fue abolida en muchos países hasta mediados del siglo XIX. Por este motivo, muchas madres esclavas no practicaban el aborto, ya que intentaban juntar dinero con trabajos ocasionales para pagar la manumisión de sus hijos. En contrapartida, otras naciones abolieron la esclavitud ya en la década de 1820, como es el caso de México y Chile. En este último país, se prometió la liberación de todo esclavo que pisara tierra chilena, pero cuando los esclavos comenzaron a cruzar la cordillera para conseguir su libertad, causando un conflicto regional, el gobierno de Chile debió restringir este tipo de emancipación automática para los fugitivos.

A modo de conclusión, diremos que la autora realiza un extenso recorrido por todos los territorios americanos, de norte a sur y de este a oeste. Comparando las disposiciones de las diferentes metrópolis europeas en cuanto a la esclavitud, analiza las distintas estrategias mediadas entre los esclavos y los Estados para regular tanto las probabilidades de revuelta como la emancipación masiva o la intensificación del régimen esclavista. En este último sentido resalta los casos de los Estados Unidos de América, el Imperio del Brasil, Cuba, Puerto Rico y las diferentes colonias francesas, inglesas y holandesas del Caribe. El objetivo general de la obra es cumplido, no sólo por la capacidad de la autora de llevar un relato fluido y conciso, sino por plantear las diferentes estrategias de los esclavos para conseguir su liberación. Las críticas a los distintos autores e historiografías, incluso aquellas a las que no son nombradas explícitamente, quedan a la vista en los argumentos que utiliza la autora para reafirmar su hipótesis de que las revueltas fueron las estrategias menos usadas. Los esclavos y esclavas oficiaron como artífices de su propia liberación, buscando las grietas del sistema o trabajando, por ejemplo, para pagar su manumisión o la de sus hijos. Es decir, bregaban por conseguirla a través de las vías legales. Para aquellos interesados en entender una historia “desde debajo” del proceso emancipatorio americano, deberán contemplar la lectura de este excelente libro de Aline Helg.

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